Manifiesto cinemático de los pueblos – Por Joshua Lentulus Aivazian.

Humo y Espejos

 Алекса́ндр Не́вский (Alejandro Nevski) es el título de una de las más importantes películas del revolucionario director Sergei Eisenstein. En ella se narra el intento de invasión de la República de Nóvgorod en el siglo xiii por los Caballeros Teutónicos del Sacro Imperio Romano Germánico y su derrota por el príncipe Alejandro Nevski en la batalla del Lago Peipus. La pelicula fue estrenada en 1938 en el preludio de los acontecimientos de la segunda guerra mundial.

Cabe contextualizar el momento de su estreno, ya que la película no manifiesta una mera expresión artística del director, sino que está cargado de simbologías y argumentos políticos para un pueblo ruso que luego sería movilizado en armas.

Ello es bien planteado al comienzo de la película, donde nos encontramos a un príncipe Alexander en igualdad de condiciones con su pueblo ante una ostentosa comitiva representante del reino tártaro, quienes le proponen ser el príncipe de su pueblo, a lo que Alexander rechaza con prudencia. A esta decisión un compañero le señala que es tiempo de vengar lo que ellos, los tártaros, les hicieron a sus antepasados, a lo que el príncipe le comenta que hay una situación más urgente, el avance del imperio romano germánico, y que ya habrá otra ocasión de enfrentarse con los tártaros en el futuro.

En ningún momento la película manifiesta un fundamentalismo ideológico de las acciones del príncipe, que en su contexto histórico seria el fundamento religioso, ni tampoco una enemistad declarada desde el principio, simplemente imperaba el amor hacia la patria y el odio contra sus traidores y enemigos.

Esto último fue el impulso fundamental de quienes participaron de la gran guerra patria, no por una revolucion internacional, ni por la conquista de territorios, sino la defensa y la integridad del gran territorio ruso, evocando en su masa geológica el espíritu de los ancestros que se levantaron en armas contra las mismas amenazas, sea el imperio napoleónico o el germánico, Rusia es la voluntad de su pueblo y el amor a su patria.

Otra película rusa que expresa la misma identidad territorial es “the blackout”, estrenada en el año 2019 y dirigida por el director Egor Baranov. En ella es narrada una historia de ciencia ficción que transcurre en una región de Europa oriental compartido por los territorios de Rusia, Ucrania, Belarus y otros países. Los mismos sobreviven a una incomunicación masiva con el resto del mundo, del que no se registra ninguna señal de vida. Son realizadas en el momento varias expediciones militares sin que haya algún retorno; transcurrido varios meses y a causa de un incidente, se decide realizar una última incursión masiva. En ese momento es revelado por un alienígena infiltrado entre los humanos sobrevivientes que el “apagón” fue realizado por su propia especie y que habían planificado hace miles de años la colonización del planeta tierra, desterrando la raza que anteriormente la habitaba con una plaga copiada de su propio código genético, los seres humanos. Por lo que el apagón tenía por intención eliminar a toda esta “plaga”, a excepción de esta región del planeta por la intención de este mismo alienígena de usarnos en una guerra en contra de su hermano, quien fue el responsable del último incidente con el fin de eliminar al fin a toda la humanidad. Pero como no había ninguna garantía de que dejaremos de ser esclavos, los últimos sobrevivientes se revelan en contra de su supuesto aliado.

Esta película de tintes hollywoodenses puede resultar forzada su comparación con la obra maestra de Eisenstein, pero como la fuerza bélica es inspirada bajo un marco político, este elemento no escapa de los determinismos ideológicos en la cinemática. Tres elementos conectan ambas películas como la base de su fundamento ideológico, estos son el territorio, los protagonistas y el antagonista.

El territorio histórico de la república de Nóvgorod coindice con el territorio sobreviviente al apagón masivo, siendo un territorio a su vez coincidente con el llamado “heartland” o “el pivote geográfico de la historia” ideado por el historiador, político y geógrafo británico Halford Mackinder en 1904. Esta región ubicada en Europa oriental se trata de una llanura rica en recursos y privilegiada en la capacidad de proyección territorial hacia Europa y Asia, creando una condición favorable para sus ocupantes.

Pero esto último es así si la misma tierra se encuentra desocupada, cosa que en ambas películas se representa con la eliminación de la población por medio de las incursiones teutonas o de un apagón masivo, siendo en este último caso toda la tierra, a excepción del “heartland” como el principio de la resistencia de la humanidad.

En el caso de los antagonistas nos encontramos con la deshumanización planteada desde dos ópticas, una estética, con el ocultamiento o desfiguración de los elementos humanos, y la otra ideológica, en donde la idea determina la voluntad de las personas y su relación con la tierra, y por lo tanto, tratándose en el caso de los antagonistas de un sentido parasitario y explotador del hombre. En el caso de la película Alexander, a los teutones se le coloca cascos que ocultan gran parte de su rostro, mientras que sus sacerdotes utilizan capuchas, ello acompañado de un discurso de supremacismo manifiesto por mandato de sus gobernantes. Mientras que en “el apagón” no se estima ninguna simpatía por el ser humano al tratarnos como herramientas biológicas, desde una frialdad calculadora y utilitaria que desprecia el respeto por la vida.

En el caso de los protagonismos nos encontramos con el fundamento realista de la subsistencia del ser humano, que no es una idea, una fe o un sistema de gobierno, sino la misma tierra. En ella han florecido varios tipos de regímenes, culturas y utopías, pero al fin y al cabo lo verdaderamente real es el control sobre la tierra en la que se desarrollan, siendo los regímenes sumisos los que permiten la injerencia colonialista y parasitaria en nuestra tierra. Por lo que a las debilidades humanas se le sobreponen la fuerza de voluntad, siendo en el caso de Alexander la superación del miedo hacia los intimidatorios teutones, y en “el apagón” la voluntad de sacrificio superando el determinismo biológico al cual la especie alienígena nos estimaba como inferiores.

En estos dos ejemplos persigo el fundamento de un enfoque en donde lo que le falta de novedoso lo compensa la necesidad de ser reivindicado. Este enfoque es uno que se desentiende de los argumentos políticos o religiosos por alcanzar la subsistencia propia y de otros, pero sin que esto signifique la negación de estos argumentos por un mero automatismo biológico de la existencia. Sino, que se respeta la justicia de cada pueblo en su humildad, belleza y fe, reuniéndolos en un territorio patrio como hogar y meta en común. Encontrando en las películas citadas a un enemigo quien busca despojarnos de esa misma tierra en la que “somos” comunidad, antes que una creencia que dota a nuestras acciones de un carácter supremacista, y en consecuencia, segregacionista.

Esta conclusión la planteo como un principio en la búsqueda de conformar una doctrina cinemática de los pueblos libres, en el que florezcan las particularidades culturales enmarcadas en un territorio multipolar, siendo el único polo el que surja de la voluntad, la fe y el amor por la patria del propio pueblo, en unión, justicia y hermandad.

Por Joshua Lentulus Aivazian. 

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