Mi versión sobre el proceso de la globalización – Por Alberto Ugalde

Humo y Espejos

Muchas son las teorías sobre cuál fue el comienzo del fenómeno globalista que nos oprime y pretende disminuir la población mundial, poner el gobierno global en manos de una élite autoelegida y esclavizar al resto de la población. Algunas de las teorías más atrevidas establecen como fecha el año 1968, con la fundación del laboratorio de ideas que se hizo llamar Club de Roma, pero yo creo que comenzó mucho antes, exactamente cuando Mayer Amschel Rothschild mandó a sus hijos a crear casas de banca en París, Londres, Nápoles, Fráncfort (Frankfurt), Nápoles y Viena. Gracias a las 5 casas de banca se hicieron inmensamente ricos, pero para poder expandir ilimitadamente su poderío, precisaban algo que en aquel entonces chocaba con el poder de los grandes imperios, como el español, el chino, el francés, el inglés, el austrohúngaro, el ruso y el otomano, y, por lo tanto, había que destruirlos y se pusieron manos a la obra, en un proyecto de largo aliento.

El primer paso fue la destrucción del imperio español mediante las guerras de las independencias americanas.

La segunda etapa fue la destrucción del imperio más antiguo del mundo, China, mediante las guerras del opio.

La tercera etapa fue la destrucción del imperio francés de Napoleón III mediante la guerra franco-prusiana.

La cuarta etapa fue la Primera Guerra Mundial, que hizo desaparecer el imperio ruso, el austrohúngaro y el otomano.

La quinta y última etapa fue la destrucción del imperio británico, que les había servido como mano ejecutora para sus designios hasta ese momento, pero que una vez conseguidos podía obstaculizar su proyecto. Aprovecharon también para la creación del estado de Israel, una aspiración irredenta de los judíos cuya escatología del fin de los tiempos contempla como uno de sus eventos la devolución por Dios a los judíos de la tierra de Israel. Podríamos considerar que los Rothschild fueron la mano ejecutora de Dios para la consecución del cumplimiento de este evento.

¿Cuál fue el motivo de la destrucción de estos imperios? Al poco que uno piense, se le ocurre que los Rothschild, como banqueros que eran, buscaban la mayor acumulación posible de capitales en sus bancos. Para lograrlo, existía una barrera que había que saltar: lograr la libre circulación de los capitales. Esto fue lo que persiguieron y consiguieron con la destrucción de los imperios. Estas etapas no surgieron como consecuencia del azar, los nacionalismos u otras causas; fueron planificadas al detalle, siempre prestando el capital necesario a los dos bandos litigantes en cada ocasión, para que lucharan hasta su extenuación y ruina económica.

Una vez lograda la ruina, se necesitaban fondos para la reconstrucción, los cuales les facilitaban para tener a los países endeudados y lograr que no tuvieran más remedio que aceptar las propuestas legislativas de los banqueros.

Lo que vemos hoy en día no es más que la prolongación exitosa de aquella estrategia.

Otro paso indispensable en el proceso de la globalización fue la creación del Banco de la Reserva Federal americana, más conocido bajo el nombre de la FED, que con ayuda de ese maravilloso instrumento que es la máquina de imprimir dólares, ha permitido y sigue permitiendo la compra de un inmenso número de voluntades para que se involucren en el proceso globalizador.

La acumulación de capitales en sus manos dio lugar a la creación de los fondos de inversión, con lo que el poder de sus creadores aumenta exponencialmente, puesto que no es necesario ser dueño de las empresas, basta con tener el capital suficiente para controlarlas.

La liberalización del comercio, la división internacional del trabajo, la ingeniería financiera y la contabilidad creativa, inventos de los banqueros, hicieron el resto.

Hasta aquí solo he narrado mi interpretación de unos hechos históricos que indudablemente ocurrieron, y ahora debería explicar el motivo por el que creo que toda esta concentración de capitales se ha llevado a cabo. A primera vista, el fin es llevar a cabo las propuestas formuladas y en vías de implementación, si no conseguimos pararlas, del Foro de Davos. Pero yo creo que esto no es más que un paso más en el proceso globalizador, cuyo fin último no pienso desvelar, porque mi instinto de conservación no me lo permite, ya que con toda seguridad terminaría mis días, como se dice en Argentina, en cana, y no quiero privarles, estimados lectores, de mis delirantes notas.

Además, considero que ustedes son lo suficientemente inteligentes, si no no me leerían, para alcanzar las conclusiones por sus propios medios.

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