No son invencibles – Juan Biermann López

Humo y Espejos

Después del ataque israelí al consulado iraní en Damasco (Siria), cometido el pasado 1o. de abril, que dejó al menos siete muertos, entre ellos un alto comandante de la Guardia Revolucionaria de Irán, para muchos fue evidente que el gobierno de Ebrahim Raisi no se quedaría de brazos cruzados, más aún ante la pasividad de la comunidad internacional y, muy especialmente, de la ONU, que no impuso sanción alguna contra Israel ante esta flagrante y gravísima violación del derecho internacional.

Una primera consecuencia, difícilmente atribuible en su totalidad a la diplomacia iraní, fue el retiro, una semana después del ataque en Damasco, de las tropas terrestres israelíes desplegadas en el sur de Gaza, específicamente en la ciudad de Jan Yunis. Al parecer, más que un “reagrupamiento estratégico”, esto se debió a presiones del gobierno de Joe Biden que, a su vez, habría recibido un mensaje desde el gobierno iraní en el que advertía que si Israel no detenía de inmediato y de forma permanente los ataques contra los palestinos en Gaza, Irán borraría a Israel del mapa.

Más allá de cuánto influyó Irán en el retiro de esas tropas israelíes de Gaza, esto no deshizo la tensión generada (o mejor sería decir: aumentada) por el ataque en territorio sirio. Incluso, desde diferentes gobiernos occidentales se alertó a sus ciudadanos acerca de un inminente ataque que sufriría Israel, por lo que se pedía evitar al máximo visitar o permanecer en ese territorio. Incluso la Cancillería de Rusia recomendó a los ciudadanos rusos abstenerse de viajar no solamente a Israel, sino también al Líbano y a territorios palestinos.

Cuando ya altos funcionarios del gobierno estadounidense habían advertido de la posibilidad de un ataque iraní antes de que concluyera el segundo fin de semana del presente mes de abril, el 14 del presente abril se presentó un primer incidente en el estrecho de Ormuz: las fuerzas navales de la Guardia Revolucionaria iraní asaltaron y detuvieron el buque MSC Aries, de bandera portuguesa, presuntamente de propiedad del multimillonario israelí Eyal Ofer; para luego conducirlo hacia aguas territoriales iraníes.

Horas después de este incidente, empezó el contraataque contra territorio israelí desde Irán, con una primera tanda de drones; y, más adelante, con misiles de crucero e, incluso, algunos misiles hipersónicos —muy probablemente fabricados en Rusia—, dirigidos a la base aérea israelí ubicada en el desierto de Néguev.

No entraré aquí a evaluar el volumen del ataque o de los arsenales usados por Irán en su respuesta contra Israel, dado que las cifras varían mucho según qué fuente se consulte. Por ejemplo, medios europeos afirman que Irán desplegó entre 200 y 400 drones, mientras que el gobierno de Raisi señala que fueron 1.000. Tampoco entraré a valorar el daño cometido por este contraataque iraní sobre suelo israelí, ya que las autoridades y medios occidentales indican que el 99% de los drones y misiles iraníes fueron detenidos por los sistemas de defensa aérea. No obstante, en redes sociales, desde la madrugada del domingo 14 de abril, empezaron a circular imágenes en las que se aprecia que sí hubo misiles que lograron impactar de lleno contra sus objetivos. Lo que sí parece claro es que no hubo víctimas mortales, al menos entre civiles; y que tampoco hubo heridos, salvo una niña de diez años, según informó el vocero del ejército de Israel, Daniel Hagari.

Entonces: ¿puede decirse que el contraataque iraní fue un fracaso? Su éxito o su fracaso debe definirse a partir de los objetivos que el gobierno iraní se haya establecido. Al parecer, lo que se buscó fue un ataque leve o moderado, que no incitara a una respuesta brutal de Israel y sus aliados, dirigido exclusivamente a objetivos militares. Por otra parte, así sea cierto que el 99% de los drones y misiles fue exitosamente repelido, es innegable que Israel fue atacado en su territorio, algo que no había ocurrido antes; y que marca un precedente muy importante en esa región y sirve de ejemplo a otros países árabes que han sufrido ataques del ente sionista. En este sentido, Irán asestó un golpe mediático, así como un golpe psicológico contra la población israelí, dejando claro un mensaje: No les tenemos miedo, porque ya no los consideramos invencibles.

Sumado a esto, habría que tener en cuenta otros resultados que arrojó este suceso. Por ejemplo, se afirma que el costo de las defensas aéreas desplegadas en este caso por Israel asciende al menos al millar de millones de dólares. También es importante resaltar que, en su defensa, Israel recibió apoyo de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y del Reino Hachemita de Jordania. Este último fue el único país de la región que tomó posición en favor de Israel, mientras que otros, como Irak, Egipto, Líbano, Cisjordania, entre otros, se limitaron a cerrar sus espacios aéreos para evitar verse envueltos en estos acontecimientos. Es probable que la población del Reino Hachemita de Jordania esté indignada con su rey Abdalá II, lo que promueva nuevas y más intensas movilizaciones sociales que hagan temblar a la monarquía; pero ése es otro asunto y deberá ser atendido en otra ocasión.

Retomando el tema, se puede decir que, en la región, Israel está prácticamente solo, lo que no es ninguna novedad. Lo llamativo, en cuanto a sus habituales aliados, especialmente Estados Unidos, es que no parece estar muy claro si seguirán apoyando a Israel de manera generosa e irrestricta. Incluso, algunas fuentes señalan que Biden le ha pedido a Netanyahu que se contenga y evite escalar aún más el conflicto en Medio Oriente. Y es que hay razones para creer que al actual gobierno norteamericano no le conviene que Israel ataque territorio iraní ahora, ya que eso implicaría a más actores —no sólo de la región— en ese conflicto; y exigiría una mayor intervención militar norteamericana, cuando aún no se aprecia un final cercano para el conflicto bélico en suelo ucraniano; y cuando es sabido que su verdadero enemigo estratégico es China. Además, no se puede olvidar que éste es año electoral en Estados Unidos, así que si el gobierno Biden continúa alimentando a quienes están perpetrando un genocidio en la Franja de Gaza contra el pueblo palestino, esto le reportará más rechazo que apoyo en las urnas.

Ahora bien, si el actual gobierno norteamericano se niega a apoyar militarmente un ataque israelí de represalia contra Irán; y si esta actitud es imitada por Reino Unido y Francia,[1] igual el gobierno de Netanyahu puede intentar irreflexivamente un ataque devastador contra Irán. Pero, ¿en qué situación se encuentra Israel en este momento?

Para dar respuesta a esta cuestión, podríamos empezar señalando que Israel ya no es un territorio seguro para quienes allí habitan. Más allá de la infalibilidad o no de sus defensas antiaéreas, la tensión en la región es evidente y el riesgo de una mayor escalada es patente. Además, según han informado algunos analistas recientemente (Scott Ritter, Marcelo Ramírez, Daniel Estulin, por mencionar sólo algunos), el armamento usado por Irán en su contraataque no es el más avanzado ni el más potente del que dispone, por lo que, si se presenta por su parte una nueva ofensiva contra territorio israelí, el resultado podría ser nefasto para el ente sionista y para los habitantes de Israel.

Este riesgo constante no es algo lejano o ajeno para muchos israelíes; pese a no contar con datos oficiales en este momento para afirmarlo, varias fuentes consultadas señalan que, desde el pasado 7 de octubre, no ha cesado el flujo de personas que salen de Israel, en buena medida por miedo a sufrir daños producto de este conflicto.

Otro elemento a considerar es que, como hace poco afirmó el Presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, el ejército israelí está acostumbrado a combatir milicias —por no decir población civil indefensa— y no ejércitos profesionales y muy numerosos como el iraní.[2] Debemos además recordar que Israel tiene unos 9 millones de habitantes, no todos ellos judíos ni sionistas; un ejército permanente y activo de 187 mil soldados profesionales y unas reservas de 565.000 hombres y mujeres; y un presupuesto militar de 22.500 millones de dólares (Fuente: Wikipedia), algo menor que el presupuesto militar iraní, que asciende a 24.600 millones de dólares.

Otro elemento que sumar a este panorama, pensando en el mediano plazo, tiene que ver con el factor demográfico. Israel no tiene una demografía ascendente, su tasa de natalidad es inferior a la de cualquier país árabe; y, a diferencia de los judíos ultraortodoxos, los sionistas no se caracterizan por tener familias muy numerosas. Por todo esto, no parece que el modelo de Estado sionista-israelí tienda a la expansión; más bien, todo lo contrario.

En cuanto a la situación interna israelí, en términos económicos, según cifras oficiales publicadas a mediados de febrero pasado, el pib se contrajo un 19,4% anualizado en los últimos 3 meses de 2023. Así mismo, la incorporación a filas de reservistas sustrajo aproximadamente el 8% de la fuerza laboral, lo que impactó negativamente en los índices de producción y consumo locales.

En términos políticos, este país de 22 mil kilómetros cuadrados (algo menos que el tamaño del departamento del Valle del Cauca, en Colombia), desde hace poco más de un año viene atravesando una tensa situación política que se ha extendido al ejército, las universidades y los sindicatos; y que se ha venido agudizando, especialmente ante las pobres gestiones hechas por Netanyahu y su gobierno para lograr la liberación de los rehenes cautivos por Hamas. Al parecer, el actual gobierno de Israel no sólo ha mantenido la Directiva Hannibal (o Aníbal), sino también la aplica ahora en caso de civiles israelíes secuestrados por fuerzas enemigas. Esta Directiva, introducida en 1986 y supuestamente revocada en 2016, puede resumirse con el lema: un soldado israelí está mejor muerto que secuestrado.

* * *

El contraataque iraní en territorio israelí ha puesto a Israel y a sus aliados en una encrucijada frente a la cuestión de responder o no militarmente. No hay duda de que si la respuesta a esta cuestión dependiera exclusivamente del gobierno sionista, muy probablemente no se habrían contentado con bombardear Líbano —como ya lo hicieron ayer domingo 14 de abril de 2024—, sino incluso habrían hecho uso de su arsenal atómico contra Irán. Pero, como hemos visto, ni a Estados Unidos ni a Reino Unido ni a Francia les resulta conveniente que este conflicto siga escalando. Por lo visto, la estrategia de respuesta planteada desde el gobierno de Biden apunta más hacia lo comunicativo, hacia lo mediático; es decir, aprovechando su control sobre las grandes corporaciones mediáticas occidentales, se ha de implantar y defender un relato que afirme que el ataque iraní, además de abominable y condenable, ha sido un fracaso, en la medida en que al menos 99% de las armas arrojadas contra Israel fueron exitosamente neutralizadas. Da igual que haya videos que demuestren lo contrario; para algo le pagan a todo ese ejército de expertólogos y seudoanalistas, cuya misión es repetir una y otra vez que Israel no necesita realizar ninguna demostración de fuerza frente a un ataque que no le hizo ni cosquillas.

No sería la primera vez que el gobierno norteamericano, y sus lacayos mediáticos, acude a una estrategia de este tipo para evitar el escalamiento del conflicto contra Irán. En enero de 2020, cuando Irán lanzó un ataque con misiles balísticos contra dos bases norteamericanas en Irak, como respuesta al asesinato del general Qasem Soleimani, el Presidente Trump se apresuró a declarar, el mismo día del ataque sufrido, que no había habido víctimas mortales; y que los daños materiales a las instalaciones habían sido mínimos. Y esa fue la versión que se estableció como oficial e indiscutible, pese a que fuentes de Medio Oriente presentaron evidencias que contradecían dicha versión. Incluso, en el portal estadounidense Insider, en un artículo escrito por el analista político-militar Paul Iden, se señala que estas bases carecían de una defensa antiaérea eficaz y que 109 militares sufrieron lesiones cerebrales traumáticas…

Volviendo al tema: en este momento ignoro si el gobierno sionista de Israel se atreverá a responder militarmente a Irán. Lamentablemente, de esa pandilla de fanáticos psicópatas puede esperarse hasta lo más nefando; pero lo que sí he podido apreciar desde ya es cómo diferentes medios corporativos de comunicación, tanto en Europa como en América, vienen construyendo el relato antes mencionado: el ataque iraní fracasó ante las invencibles defensas antiaéreas de Israel y sus aliados. Dado el cerco mediático que existe en los principales países del bloque occidental, que impide a la ciudadanía acceder con facilidad a informaciones provistas por medios no occidentales (tales como RT, Sputnik, HispanTV, Al Mayadeen, por mencionar sólo algunos), es muy probable que ese relato se imponga acríticamente entre la gente que habita Europa y América. Otra será la versión que se cuente en los países árabes; pero, más allá de eso, el relato del supuesto fracaso del contraataque iraní se sumará a otros similares (“Ucrania está ganando la guerra”, “Rusia tiene serias dificultades para producir armamento”, “Hay que prepararse para la guerra en Europa porque Putin está dispuesto a invadir hasta Lisboa”, etc.); y mucha, muchísima gente residente en los países occidentales seguirá viviendo en esa ficción construida por los grandes medios corporativos de comunicación. Quizá M. Gorki tuvo razón al escribir que “la mentira es la religión de los esclavos y de los amos”; aunque prefiero  concluir este análisis de coyuntura citando a Lope de Vega cuando asegura:

“Que no hay tan diestra mentira

que no se venga a saber”.

Bogotá, 15 de abril de 2024.


[1]      Hoy, 15 de abril de 2024, tanto el Ministro de Exteriores de Reino Unido, James Cameron, como el Presidente francés, E. Macron, le han pedido al gobierno israelí evitar una mayor escalada, abogar por la moderación y enfocarse más bien en combatir a Hamas y rescatar a los rehenes que aún les queden.

[2]      En un artículo publicado hoy 15 de abril de 2024 en The New York Times, titulado “Lo que sabemos sobre las capacidades militares de Irán”, puede leerse lo siguiente: “Las fuerzas armadas iraníes se encuentran entre las mayores de Medio Oriente, con al menos 580.000 efectivos en servicio activo y unos 200.000 efectivos en reserva entrenados, repartidos entre el ejército tradicional y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica […] Irán posee uno de los mayores arsenales de misiles balísticos y aviones no tripulados del Medio Oriente. Esto incluye misiles de crucero y misiles antibuque, así como misiles balísticos con un alcance de hasta 2.000 kilómetros”.)

No son invencibles

Análisis de coyuntura (13-15 de abril de 2024)

Por: Juan Biermann López. Historiador, Msc Estudios Culturales, Universidad Nacional de Colombia.

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