Trayecto a Berlín en 1945 – Por Rodolfo Bueno.

Humo y Espejos

El Ejército Soviético tomó Berlín en mayo de 1945 y puso término a la guerra contra Alemania nazi, vale la pena recordarlo ahora que se conmemora el aniversario 79 de esta batalla final, a la que se intenta restar importancia, como si los berlineses se hubieran agazapado en las galerías del metro en espera del ineludible fin que presagiaban los ataques aéreos de los aliados y la artillería soviética, lo que es falso.

El General Eisenhower escribe en “Cruzada en Europa” que se encontraba a 480 km de Berlín y le era imposible llegar a esta ciudad antes que los rusos, que estaban apenas a 50 km. No explica el porqué sucedió así, en fin de cuentas, después del desembarco en Normandía los soviéticos se encontraban lejos, muy lejos de Berlín.

Tampoco es correcto decir que los Aliados no estaban interesados en tomar Berlín. En septiembre de 1944, el Mariscal Montgomery escribe al General Eisenhower: “Está claro que Berlín es nuestra meta principal (…) no hay ninguna duda sobre que debemos concentrar toda nuestra energía y recursos para rápidamente realizar un golpe en dirección a Berlín”. También se pretende ocultar que el 16 de diciembre de 1944, cuando en las Ardenas los alemanes desencadenaron la contraofensiva “Viento del Norte” y la Wehrmacht rompió las defensas de los Aliados en un sector de 80 Km y en 10 días se introdujo unos 100 Km dentro del territorio aliado, amenazando con cercar a las tropas aliadas que corrían el peligro de un segundo y más desastroso Dunquerke, Sir Winston Churchil envió el 6 de enero de 1945 el siguiente telegrama a Stalin: “La batalla acá en el Oeste es muy difícil y puede que en cualquier momento sea necesario tomar decisiones del mando supremo. (…) El General Eisenhower está deseoso de conocer qué planes tienen ustedes. ¿Se podrá contar con una gran ofensiva en el Vístula o en cualquier otra parte durante el mes de enero? Este tema es muy urgente para nosotros”.

Con respecto a este problema, el General Eisenhower escribe al Ministro de Defensa de EE. UU.: “La tensión de esta situación podría disminuir en mucho si los rusos comenzaran una gran ofensiva”, y la ayuda de urgencia que pide a su gobierno se le ofrece para después de dos meses, por lo que la única salvación es que el Ejército Soviético comience una ofensiva que obligue a los alemanes a retirar sus fuerzas del Frente Occidental hacia el Oriental, y salvar así a los Aliados de una catástrofe.

El 7 de enero, Stalin contestó a Churchill: “Para nosotros es muy importante aprovechar nuestra superioridad en artillería y aviación, para lo cual es necesario que haya buen tiempo, pero, sin tomar en cuenta las dificultades que representa el mal tiempo, en vista de la situación en que se encuentran nuestros aliados en el Frente Occidental, el Comando Supremo del Ejército Soviético ha decidido completar la preparación, en un ritmo rápido y, sin tomar en cuenta las condiciones meteorológicas, desencadenar una ofensiva a gran escala contra los alemanes a lo largo de todo el Frente Central, no más allá de la mitad del mes de enero”. A lo que Churchill respondió: “Le estoy enormemente agradecido por su emocionante misiva. Ojalá, los acompañe la buena suerte en su noble tarea. Sus noticias reconfortaron inmensamente al General Eisenhower, puesto que los alemanes deberán dividir sus fuerzas”. El viernes 12 de enero, los soviéticos comenzaron en la línea Óder-Vístula una ofensiva generalizada. El 14 de enero, el mismo Eisenhower envió un telegrama a Stalin en el que le decía: “La importante noticia acerca de que el indomable Ejército Rojo con un nuevo y poderoso asalto se mueve adelante, ha despertado en las fuerzas aliadas de Occidente un gran entusiasmo. Yo le expreso a usted, y a todos aquellos que dirigen esta gigantesca ofensiva y participan en ella, mis felicitaciones y mejores deseos”.

La ofensiva soviética tomó a los alemanes por sorpresa. Las tropas del primer frente de Bielorusia, bajo las órdenes de Zhukov, avanzaron desde el Vístula en dirección a Berlín y las del segundo frente de Bielorusia, al mando de Rokosovsky, comenzaron una ofensiva en el norte en dirección a Danzig. La noche del 17 de enero de 1945, los soviéticos forzaron el Vístula y luego de cruentos combates liberaron Varsovia, el camino a Berlín quedó abierto. El 19 de enero, las tropas de Koniev liberaron Cracovia y para fines de enero las tropas de Zhukov cruzaron al sur de Poznan la frontera polaca-alemana de 1938 y en su camino hacia Francfort del Oder tomaron la provincia alemana de Brandemburgo. El 29 de marzo, las tropas soviéticas entraron en Austria; el 30, en Danzig; el 4 de abril, en Bratislava; el 9 de abril, en Königsberg y en toda Prusia Oriental; el 13 de abril, las tropas de Malinovsky liberaron Viena.

En el camino a Berlín, las tropas soviéticas habían tomado las ciudades de Fráncfort del Oder, Pankow, Oranienburg, Birkenwerder, Karlshorst y otras. Ahora a las tropas soviéticas sólo les faltaba forzar el paso de los ríos Oder-Neisse, para que se despejase el camino a Berlín, que era no sólo capital política del nazismo sino también el centro industrial de Alemania, razón por la que allí se habían concentrado importantes fuerzas de la Wehrmacht, se habían construido grandes fortificaciones de defensa, de una profundidad de entre 20 y 40 Km, los puentes estaban minados y listos para hacerlos estallar y había grandes barricadas en todas las calles que conducían a su centro. Berlín era defendida por más de un millón de soldados y oficiales. La parte central, donde se encontraban Reichstag y la Cancillería, era la más protegida. El 15 de abril, Hitler ordenó fusilar a cualquier soldado u oficial que pretendiera rendirse o retirarse y amenazó con tomar represalias contra las familias de quienes fueran capturados por las tropas soviéticas.

En el plan para tomar Berlín se analizaron todas las implicaciones militares, políticas y económicas; el objetivo era separar a las fuerzas alemanas en dos. Para ello se debía romper las defensas del Oder-Neisse, rodear a las tropas alemanas, dividirlas en algunas partes, destruirlas una a una y después dirigirse al Elba para encontrarse con los Aliados. Para la realización de este plan, el alto mando soviético concentró al este del Oder a 2.5 millones de hombres, 42 mil piezas de artillería, 1500 tanques y 3300 aviones.

La mañana del 18 de abril, los rusos se acercaron al río Spree, que atraviesa Berlín, lo forzaron e iniciaron la ofensiva contra la ciudad. Por doquier las batallas se caracterizaban por su extremada dureza, y el avance soviético disminuyó de ímpetu, pero no fue detenido. La mañana del 22 de abril, el tercer ejército de tanques rompió las defensas del sur de la capital de Alemania, lo que imposibilitó el envío de refuerzos alemanes por esa ruta. El 24 de abril, las tropas de Koniev y las de Zhukov se reunieron en el suroriente de Berlín y el 25 de abril, en la región de Torgau, sobre el río Elba, las tropas soviéticas y las aliadas entraron en contacto y se produjo una verdadera fiesta de amistad entre los soldados de ambos ejércitos. A partir de ese momento, Alemania quedó dividida en dos partes.

Para fines de abril, el Comando Soviético fijó su atención en la toma de Berlín. El General Rokosovsky hizo el siguiente llamamiento a las tropas bajo su mando: “Ante ustedes, valientes soviéticos, está Berlín. Ustedes deben tomar Berlín y tomarla lo más pronto posible, de tal manera que el enemigo no logre recobrarse. ¡Por nuestra patria, adelante! ¡A Berlín!” El 26 de abril, el Ejército Soviético rompió la férrea resistencia de las tropas alemanas de Berlín y el 29 de abril comenzó la lucha por la toma del Reichstag. El 30 de abril las batallas fueron extremadamente duras, todo el tiempo se combatía sin descanso; los contrincantes de ambos bandos no conocían de fatigas, aun así las guarniciones alemanas cayeron una a una.

El 1 de mayo fue tomado el Reichstag y la bandera roja, izada por los sargentos Mijail Yegorov, Abduljakim Izmailov y Melitón Kantaria, flameó como símbolo del heroísmo soviético. Ese día, el General Krebs pidió un alto al fuego y propuso iniciar conversaciones soviético-alemanas. La parte soviética rechazó esta propuesta porque no contemplaba la capitulación incondicional, tal como lo exigían las fuerzas aliadas. A las 15 horas del 2 de mayo, la guarnición de Berlín se rindió incondicionalmente. La batalla de Berlín duró 17 días, fue larga y sangrienta.

Desde la fatídica madrugada del 22 de junio de 1941, cuando Alemania Nazi atacó a la Unión Soviética, habían transcurrido 1418 días de incesante lucha. La Segunda Guerra Mundial dejó cambios profundos en la estructura social del mundo y en la consciencia colectiva del género humano. La victoria aliada es la más grande epopeya de los pueblos del planeta por conquistar su derecho a la vida, contra el fascismo, que es por naturaleza propia su negación. Esta lucha no ha concluido mientras subsistan en el seno de nuestras sociedades el anticomunismo, el racismo y el militarismo, banderas bajo las cuales se ocultan los mayores enemigos de la especie humana.

Rodolfo Bueno

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Un comentario en «Trayecto a Berlín en 1945 – Por Rodolfo Bueno.»

  1. Todo bien hasta llegar al último punto y aparte, el anticomunismo me parece una doctrina tan sana o más que el antinazismo o el antifascismo, por razones que no creo sea necesario explicar.

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