Escudo de Armas de la República separatista de Somalilandia.
A mediados de marzo del 2025, y a comienzos de la administración Trump en los Estados Unidos, se inicia el contacto con funcionarios de tres gobiernos de África Oriental para discutir el uso de sus territorios como posibles destinos para trasladar a los palestinos de la Franja de Gaza bajo un plan de posguerra. Estos tres gobiernos fueron el de Sudán, Somalia y el territorio separatista de Somalilandia.
Sudán estuvo entre las cuatro naciones del Acuerdo de Abraham que acordaron normalizar las relaciones diplomáticas con Israel en el año 2020. Sin embargo, las relaciones con Israel nunca prosperaron, ya que el país se sumió en una guerra civil. Desde abril de 2023, cuando Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti, líder de las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido, declaró la guerra a Abel Fattah al-Burhan, jefe de las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF, por sus siglas en inglés), más de 12 millones de personas han tenido que abandonar sus hogares y aldeas; casi 30 millones necesitan ayuda de manera inmediata para sobrevivir; y entre 40.000 y 150.000 personas podrían haber perdido la vida, según las cifras aportadas por la Organización Mundial de la Salud.
El grupo paramilitar RSF (Fuerzas de Apoyo Rápido) es sostenido y financiado militarmente por los Emiratos Árabes Unidos, otro de los países firmantes de los acuerdos de Abraham, y a quien Israel realiza importantes inversiones en materia militar con el establecimiento de una subsidiaria de Controp Precision Technologies, que permitirá a la compañía de defensa israelí operar en el mercado local en Abu Dhabi y países vecinos. En abril de 2025, una investigación reveló que la empresa International Golden Group, con sede en Abu Dabi, compró armamento europeo y lo envió a Sudán vía Libia y Chad. El interés de esta guerra por parte de los Emiratos responde a dos planos estratégicos, uno doméstico y otro geopolítico.
En el plano doméstico nos encontramos con la estrategia de Abu Dhabi en la diversificación de su economía, convirtiéndose en uno de los principales refinadores y comercializadores de oro de todo el mundo. Según Swissaid, una ONG dedicada a fiscalizar el comercio de minerales, más de la mitad del oro que sale de Sudán lo hace por vías ilegales. Y parte del oro importado por Abu Dabi procede de las minas de la familia de Hemedti, con lo que financia en parte a su milicia.
Mientras que en el plano geopolítico nos encontramos con la posición de hermandad con el pueblo palestino del jefe militar, general Abdel-Fattah Burhan, quien dijo en marzo del 2025, en una cumbre de líderes árabes en El Cairo, que su país “rechaza categóricamente” cualquier plan que tenga como objetivo trasladar “a los hermanos palestinos de su tierra bajo cualquier justificación o nombre”.
La coincidencia firmante entre los Emiratos y Sudán de los acuerdos de Abraham no le garantiza a este último su soberanía política ni territorial contra el interés externo de Abu Dhabi en concordancia con Israel, mientras que el gobierno de Sudán busca ese apoyo militar ausente en los países de Irán, Turquía y Arabia Saudita, enfrentados a Israel por la hegemonía regional.
La mención de Somalia como un país a quien se le propuso trasladar población palestina resulta contradictoria por el apoyo abierto a la autodeterminación palestina del gobierno, organizando con frecuencia protestas pacíficas en sus calles en apoyo a su causa. Además, haberse mencionado que esa misma propuesta fue presentada al Estado separatista de Somalilandia resulta en una extorsión internacional: al reconocerle la soberanía a este último territorio en el caso de que aceptase el traslado poblacional; y, en el caso de que Somalia acepte, permitirle reconocer su avance y control efectivo de la región norte donde se encuentra Somalilandia, siguiendo el ejemplo de Marruecos que, al firmar los acuerdos de Abraham, obtuvo a cambio el reconocimiento —por parte de la administración Trump— de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.
Quienes defienden la independencia de Somalilandia argumentan que la región está poblada predominantemente por miembros del clan Isaaq, lo que constituye una diferencia étnica con el resto de Somalia. Sumado a que se sostiene que Somalilandia goza de relativa paz y estabilidad, por lo que sus defensores sostienen que no debería estar vinculada a Somalia, país que arrastra una larga situación de inestabilidad con constantes ataques de grupos terroristas vinculados a Al Qaeda, como el de Al Shabaab.
Esta caracterización del país fue expresada de forma agresiva a comienzos de diciembre por el presidente Trump cuando, en una reunión de gabinete, expresó que Estados Unidos iría «por mal camino si seguimos acogiendo basura en nuestro país», en referencia a los inmigrantes somalíes. También afirmó que «en Somalia, que apenas es un país, ya saben, no tienen…, no tienen nada. Solo corren de acá para allá matándose los unos a los otros. No hay estructura».
Tal vez estas expresiones surgen del rechazo de Somalia de reconocer a Israel como Estado, a cambio de recibir en su propia tierra una población desnutrida y traumada por la guerra, junto a su propio pueblo que también padece carencias similares. A su vez, el gobierno de Mogadiscio parte del principio islámico de defensa de la autodeterminación del pueblo palestino; un pueblo que, es menester aclarar, está compuesto por musulmanes, cristianos, judíos y ateos, no por una etnia separatista.
Esto contrasta con el supremacismo étnico sectario del sionismo israelí, que no iguala en su propia legislación la integración de grupos de otras religiones, únicamente aquellas que sean útiles a sus planes de colonización y de inestabilidad en la integridad territorial de otros Estados. Siendo en el caso de Somalia con el reconocimiento de Netanyahu el martes 30 de diciembre de la región semiautónoma de Somalilandia, con la siguiente declaración: «Somalilandia tiene 6 millones de ciudadanos, musulmanes moderados; que desean adherirse a los Acuerdos de Abraham».
La actual Somalilandia fue parte de diversos sultanatos hasta que el Imperio británico lo convirtió en protectorado a finales del siglo XIX. Somalilandia obtuvo la independencia el 26 de junio de 1960, se estableció como Estado independiente y cinco días más tarde se unificó con la recién emancipada Somalia italiana. Sin embargo, esta convivencia inicial no tardó en fracturarse. Ya en 1969, el militar Mohamed Siad Barre estableció un régimen autoritario que no respetaba la diversidad de clanes característica de la etnia somalí. En respuesta, una alianza rebelde lo derrocó en 1991.
Entretanto, los clanes reclamaron su autoridad sobre los territorios, así que a la inestabilidad política se sumaron las aspiraciones de autonomía de algunas regiones. Puntlandia, integrada por mayoría darod, reclamaba mayor libertad dentro de Somalia, mientras que la vecina Somalilandia, dominada por el clan Isaaq, perseguía la independencia completa. Para ese fin, el Movimiento Nacional Somalí (SNM) proclamó en 1991 la República de Somalilandia.
El nuevo presidente de Somalilandia, Abdirahman Mohamed Abdullahi, ha hecho del reconocimiento internacional una prioridad. Ya en su asunción presidencial, tras ganar las elecciones en diciembre del 2024, se encontraron autoridades de los Estados Unidos presentes, adelantando el posterior guiño de Trump en marzo del 2025 de reconocerles la independencia. Casi un año después, esto se consolida con el anuncio oficial del 26 de diciembre del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, a través de su cuenta de X, lo siguiente: “Hoy anuncié el reconocimiento oficial de la República de Somalilandia como Estado independiente y soberano”.
Netanyahu dijo también que elogió “el liderazgo y compromiso” de Abdullah con la promoción de la estabilidad y la paz, y agregó que éste “me agradeció esta histórica declaración y expresó su reconocimiento por mis logros en la lucha contra el terrorismo”.
El Estado de Israel, dice la publicación, planea ampliar sus relaciones con Somalilandia mediante una cooperación en agricultura, salud, tecnología y economía. Junto a eso, se proyecta la instalación de una base de seguridad israelí junto al actual puerto militar operativo de EAU, quienes no emitieron ningún comunicado al respecto, junto al gobierno de Etiopía que, coincidentemente, Somalilandia acordó arrendar parte de su costa a Etiopía, un país sin litoral.
Los EAU utilizan desde hace más de un año a esta región como puerta de desembarco de grupos mercenarios y equipos militares que nutren a las Fuerzas de Apoyo Rápido en Sudán, pasando por territorio etíope. A su vez, frente a las costas de Somalilandia se encuentran posicionados en Yemen el movimiento chiita Ansar Alá (Partidarios de Dios), llamado por los medios occidentales como los Hutíes, aliados de la República Islámica de Irán por la causa de Palestina.
La agrupación se ha declarado como parte del «eje de resistencia» liderado por Irán contra Israel, EE.UU. y Occidente en general, junto con Hamás y Hezbolá. Desde finales de 2023, ganaron notoriedad con los ataques con drones y misiles que lanzaron contra decenas de barcos cargueros que pasaban por el Mar Rojo rumbo al Canal de Suez, al identificarse como colaboradores del régimen israelí.
En respuesta al alineamiento con Irán, el sábado 15 de marzo del 2025 Estados Unidos realizó un bombardeo a gran escala contra los territorios controlados por Ansar Alá, en el que al menos murieron 53 personas en 24 horas, según el ministerio de Salud yemení. Trump ordenó el ataque luego de que el movimiento anunciara la reanudación de los ataques contra los barcos vinculados con Israel.
Lejos de romper su alianza con el eje de la resistencia, el movimiento ha reafirmado su lealtad y compromiso de seguir defendiendo al pueblo palestino, demostrado con la declaración del líder chií Abdelmalek al Huti, quien amenazó con atacar Somalilandia ante «cualquier presencia israelí» en la región separatista somalí tras ser reconocido como Estado independiente por parte de Israel.
Al Huti afirmó que su grupo no aceptará «que ninguna parte de Somalia se convierta en un bastión del enemigo israelí», en un discurso recogido el lunes 29 de diciembre por las agencias internacionales.
Mientras tanto, los “somalilandeses” esperaban que Estados Unidos los reconociera como Estado independiente tras las señales previas a que Donald Trump comenzará su segundo mandato como presidente. Sin embargo, en respuesta a la declaración de Israel, Trump sugirió al New York Post que no seguiría a corto plazo los pasos de Netanyahu. Según se informa, declaró: «¿Alguien sabe qué es Somalilandia, en realidad?».
Ante el silencio de Estados Unidos, Etiopía y EAU sobre el reconocimiento de soberanía otorgado por Israel a Somalilandia, solo se puede comprender la prudencia geopolítica de actores que proyectan sus propios intereses en contraste con la desventaja que les puede ocasionar las potencias interesadas en la integridad territorial de Somalia.
Esto se demostró el pasado martes 30 de diciembre con el gesto del presidente de Türkiye, Recep Tayyip Erdogan, del recibimiento del presidente somalí Hassan Sheikh Mohamud en Estambul, y con quien ha mantenido un estrecho vínculo de colaboración por la estabilidad institucional y unificación del país.
Erdogan calificó la medida tomada por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, como “ilegítima” e “inaceptable”, advirtiendo sobre los riesgos de inestabilidad que dicha decisión podría generar en el continente africano. El presidente turco atribuyó estas acciones al gobierno de Netanyahu, del que afirmó: “El Gobierno de Netanyahu, que tiene las manos manchadas con la sangre de 71.000 de nuestros hermanos palestinos, intenta ahora desestabilizar el Cuerno de África tras sus ataques contra Gaza, Líbano, Yemen, Irán, Qatar y Siria”.
Türkiye sostiene una importante presencia militar en Somalia, donde mantiene su base en el extranjero más grande, como parte de una estrategia que incluye un respaldo logístico y operativo relevante al ejército somalí en su enfrentamiento con el grupo terrorista Al Shabaab.
Esto se suma al anuncio realizado por el presidente de Somalia en el encuentro en Estambul, sobre la confirmación del descubrimiento de 30 mil millones de barriles de reservas de petróleo y gas en su territorio, declarando los dos países estar listos para firmar un acuerdo ampliado para explorar reservas de petróleo y gas en tierra a través de una zona de 16.000 km cuadrados, posicionando a Somalia para pasar de la exploración al desarrollo comercial.
Esta reunión bilateral persigue legitimar el fructífero vínculo entre la integridad territorial de Somalia y el Estado de Türkiye en el aspecto militar, garantizando Ankara la destrucción de los grupos terroristas internos, como del aspecto económico al proporcionarle a Somalia un rol exportador de hidrocarburos y, con ello, una fuente de ingresos que le aseguraría un plan de inversión pública para la erradicación de la pobreza.
Esto en contraste con un reconocimiento en solitario de Israel de la soberanía de Somalilandia, quien gana en convertirse en un objetivo próximo de los Hutíes, y la ambigüedad de inversiones de empresas israelíes a cambio de aumentar la demanda de asistencia humanitaria con el recibimiento de la población expulsada de Palestina.
Cabe preguntarse si el barco territorial de Somalilandia está a tiempo de reaccionar a los cantos de sirena de Israel con su reconocimiento de soberanía e inversiones económicas. Y es que la apuesta resulta arriesgada, con la reciente crisis política ocasionada en el territorio.
El vicepresidente de Somalilandia, Mohamed Aw-Ali Abdi, dimitió públicamente, rechazando un plan que supuestamente contemplaba alojar a unos 12.000 gazatíes en la capital, Hargeisa, y rechazando el apoyo a los Acuerdos de Abraham. Ello contrasta con un comunicado difundido mediante su perfil en la red social X por el Ministerio de Exteriores de Somalilandia, donde manifestó que las acusaciones sobre un supuesto reasentamiento de habitantes palestinos procedentes de la Franja de Gaza o la instalación de bases militares extranjeras no tienen fundamento.
Además de estas diferencias declarativas que se contradicen una a la otra desde los referentes del ejecutivo semiautónomo, hay que señalar que el vicepresidente pertenece a la tribu Gedabuursi de la región de Awdal. Según fuentes locales, el vicepresidente se opuso explícitamente a la idea de que los líderes de un solo clan tuvieran la autoridad para tomar decisiones geopolíticas y humanitarias de tal envergadura en nombre de toda Somalilandia.
Este acontecimiento podría profundizar las divisiones entre clanes y regiones, en particular entre la región de Awdal y el gobierno central, afectando y poniendo en peligro la mencionada reputación reconocida por Netanyahu como “un país musulmán democrático y moderado“.
Mientras el pueblo se encontrará dividido entre quienes aceptan pagar el precio del frágil reconocimiento de su soberanía, al pactar con quien se la niega al pueblo de Palestina, con quienes desde una conciencia política más elevada por sobre la pírrica persecución de reconocimiento internacional observan las devastadoras consecuencias geopolíticas que esto puede ocasionar.
Recién junto al comienzo de este año, el Cuerno de África se convertirá en un foco inaugural de un laboratorio de separatismos que sirvan, por la fuerza de la ambición de sus dirigentes, al interés de una entidad colonialista. Habrá que esperar la coordinación estratégica de aquellas potencias que perseguirán la unidad nacional de estos estados, como Sudán, Libia, Somalia y Siria, para asegurar no solo sus áreas de influencia, sino también su propia integridad territorial.
Por Joshua Lentulus Aivazian




