¿Cuál es el Sujeto Político en la Argentina? Algunos extravíos desesperados del progresismo argentino – Por Víctor Gabriel Gullotta

Humo y Espejos

El psicoanalista argentino, residente en España, Jorge Alemán, escribió hace poco en el diario Página 12 un artículo titulado: “¿Cuál es el sujeto político?” (7.4.2024), lo siguiente:

“En la mundialización actual del capitalismo financiero, el llamado ‘sujeto histórico’ ha dejado de existir. La idea de una clase social objetiva y oprimida y a su vez predeterminada para una transformación histórica ya no es más operativa. La fragmentación de lo social, las distintas figuras del individualismo contemporáneo, la intervención de las tecnologías en la producción de subjetividades, hace imposible que comparezca lo que anteriormente se denominaba el sujeto histórico.  En cambio, si entendemos por ‘sujeto político’ a un conjunto de fuerzas articuladas alrededor de un proyecto político que se oponga a la dominación neoliberal y cuyo estatuto es siempre contingente, podemos aceptar el término. Las tres cuestiones que se plantean en la Argentina actual son, primero, si el tronco central en el que el sujeto político se debe sostener es el peronismo; segundo, si en ese peronismo el kirchnerismo es su clave determinante; tercero, si el peronismo aún está abierto a otra vuelta de tuerca que lo proyecte más allá de sus identidades históricas, como se advierte en una nueva pero experimentada generación de dirigentes”.

Este texto nos da lugar, primero, para realizar algunas precisiones conceptuales, pues se observa el intento de realizar una aniquilación teórica y práctica del concepto de “sujeto histórico” para reemplazarlo por el de “sujeto político”, al mismo tiempo que se desconoce la base fundamental de ambos, el “sujeto filosófico”. Las verdades a medias suelen esconder mentiras completas. Y segundo, reflexionar acerca de ¿cuál es el sujeto político de nuestra época llamado a voltear el liberalismo atomista individualista?

Relaciones entre el “Sujeto Filosófico” y el “Sujeto Histórico”. En búsqueda del “Sujeto Político”.

El concepto de “Sujeto Filosófico” se asocia a la mirada o cosmovisión de toda una época y que a veces la trasciende; trata sobre lo que es y existe, ya sea Dios, la Naturaleza, el Hombre, el Alma, el Espíritu, el Pensamiento, las Percepciones, etc., como lo más auténtico. Desde ya, toda cosmovisión filosófica impacta en las elaboraciones que se hacen en el ámbito de la historia y de la política, su manera de pensar, sentir y actuar.

Vale destacar que desde la Modernidad la noción clásica del “Ser”, de lo que es y existe por sí mismo, se transformó en la noción de “Sujeto”, el cual no debe entenderse limitadamente como algo “humano”, sino como aquello que actúa, que tiene una acción determinante. En este artículo partimos desde allí, pero no desconocemos el giro copernicano que esta época produjo respecto a la anterior, el camino que fue del Ser al Sujeto. Establecido el punto de partida hay, por dar ejemplos, tanto un “Sujeto Filosófico” de tipo cartesiano que es solo el hombre pensante, matemático y geómetra, tanto como un “Sujeto Filosófico” de tipo hegeliano que es un Espíritu/Dios autodesplegándose en un tiempo eterno y cerrado. Hay varios. En todo caso, según el tipo de “Sujeto Filosófico” que prepondere, podemos entender la concepción dominante de una época, en muchos sentidos.

El concepto de “Sujeto Histórico”, como diferencia, más bien se liga a la fuerza en la sociedad designada para llevar a cabo la marcha de los pueblos, su historia. Ambas nociones, sin embargo, se alimentan recíprocamente, tienen relativa independencia, pero una no existe sin la otra. El “Sujeto Histórico” se considera con una cierta misión mundana a cumplir, en un determinado lapso que no suele ser corto, impregnado desde ya por el “Sujeto Filosófico” que le brinda un contenido trascendente.

Por último, el “Sujeto Político” es aquel que reúne las fuerzas concretas que operan en las relaciones de poder, y es el que se pone a prueba respecto a las exigencias, objetivos y necesidades del “Sujeto Histórico”.  Es obvio que si el “Sujeto Político” no se ajusta, olvida, o no responde al “Sujeto Histórico”, se desvanece. Puede ocurrir también que la fuerza del “Sujeto Histórico” cambie, lenta o bruscamente, por razones objetivas, y entonces el “Sujeto Político” que le correspondía quede boyando en el aire. ¨ Puede, además, que un “Sujeto Político”, en determinado momento, trabaje para desarrollar y hasta construir un “Sujeto Histórico”, o un nuevo “Sujeto Filosófico”. No hay determinismos simples.

Jorge Alemán, en el párrafo arriba citado, dice que debido a la “fragmentación social”, a la aparición de diversas “figuras” del individualismo, y a la creación de tecnologías actuales que producen “subjetividades” inéditas se ha hecho imposible ya identificar a lo que se llamó “sujeto histórico”, ese compacto único que actuó antes como vector o fuerza principal de la marcha de los pueblos. No existiría ya un “Sujeto Histórico” único.  Por ello, seguir convocándolo para él se convertiría en un grito hacia un desierto, inexistente de personas que escuchen. De ahí, devendría el vaciamiento en el que caen los movimientos políticos populares, por hablarle a algo que ya no existe, y, por lo tanto, exigiría cambiar de perspectivas.

El problema que plantea dicho psicoanalista no es menor. No podemos ignorar su diagnóstico, teniendo en cuenta sobre todo que ciertas realidades contemporáneas, especialmente las promovidas por la Inteligencia Artificial que desplaza o anula constantemente mano de obra, la robótica, la nanotecnología aplicada a los chips de comunicación en particular, y los medios masivos de comunicación en general, el rápido desplazamiento de los paisajes y comunidades, aun durante una misma generación, que han transformado la manera de tener “experiencias” de los sujetos individuales y de las sociedades en el último medio siglo, por lo menos.

No obstante, el desplazamiento que hace Alemán desde la objetividad del “Sujeto Histórico” a la subjetividad del “Sujeto Político” es, a nuestro criterio, flagrantemente exagerado.  Su marco está determinado por la percepción, o el “sentimiento”, que se expresaría en la esfera limitada del discurso, de las diversas expresiones culturales entre los seres humanos. Así, las relaciones sociales objetivas, por haber llegado a ser tan caóticas, fragmentadas y subjetivas en el sentir, en el territorio del Deseo de los sujetos humanos, ya no brindan ninguna certeza de uniformidad y “unidad de clase”. Es cierto, los trabajadores a veces votan, por las razones ideológicas que fueren, a sus propios verdugos. Pero este análisis suena a superficial y a un abandono en el esfuerzo de comprensión de la realidad.  Alemán le otorga un nuevo valor imprescindible a la esfera de la subjetividad, desde donde debería abordarse el problema para obtener los consensos necesarios de la acción política.

Recordemos la teoría clásica:  el marxismo establecía que la “clase social” se definía por el “lugar” que el trabajador ocupaba objetivamente en los medios de producción, como explotado y desposeído de los mismos por el capitalista privado.  El “obrero” por lo tanto, resultaba el “Sujeto Histórico” principal para la acción política revolucionaria, cuyo objetivo sería socializar dichos medios. Pero para Alemán ahora se registran y nos invaden “tecnologías” de producción de “subjetividades”. Ahora se generan individualismos que desclasan o desubican subjetivamente al trabajador, más allá del “lugar” preciso que ocupa en el sistema. Cierta verdad no le falta, pues la intensa carga ideológica de los “aparatos culturales de dominación” oscurece la conciencia.  Por ello, para él, se hace imposible actuar convocando a la acción política con un discurso más o menos uniforme para todos los trabajadores, porque ese “sujeto histórico” ha desaparecido, no existe más. Entonces, el “Sujeto Político” debiera constituirse con todas las “nuevas” subjetividades creadas por el propio sistema (LGTB+, esoterismos varios, feminismos, etc.) con la sola condición que se expresen contra el enemigo común, el neoliberalismo, es decir, se trataría de apagar con las brasas del fuego al propio fuego, combatir al liberalismo con sus nuevos productos liberales.

Mutatis mutandis (cambiando lo que haya que cambiar), para Alemán, el peronismo clásico también ha cambiado su sujeto tradicional, la clase de los trabajadores, cada vez más inexistentes o fragmentados y divididos por el discurso y las “experiencias” propias. Por lo tanto, indica Alemán, los nuevos dirigentes tendrán que adaptar su discurso a las nuevas subjetividades que existen. Alemán parece valerse de la actual insuficiencia explicativa del marxismo clásico de la “clase social” como tal, y tal vez del peronismo clásico como tal, para derivar hacia otros puertos engañosos.  Llega a decir que en el trance actual el peronismo tiende a desaparecer, precisamente por resistirse a ser liberal, y seguir reivindicando, en algunos bolsones memoriosos, a su “Sujeto Histórico” propio y perenne.

 Esta postura nos recuerda, analógicamente, los argumentos esgrimidos por el divulgador de filosofía y docente Darío Sztajnsztrjber quien, ante el Senado de la Nación, cuando se discutía la Ley de la eufemística “interrupción” voluntaria del embarazo, dijo que era preciso sacar el debate del ámbito de lo científico para llevarlo al ámbito de lo político, es decir, del discurso y de las relaciones de poder. Separarlo de lo objetivo para llevarlo a lo subjetivo.

Volviendo a Jorge Alemán, éste diluye el “Sujeto Histórico”, lo hace desaparecer para fundirlo en el subjetivo, cambiante y efímero “Sujeto Político”, porque ni sospecha que existe antes que nada el “Sujeto Filosófico” que los sostiene a ambos.  Ese “Sujeto Filosófico” para Alemán, aunque no lo explicita, es el atomismo liberal individualista, que estaba antes y sigue estando ahora, atravesando una larga época, aunque hayan cambiado las tecnologías y las percepciones variables de las subjetividades. El marco conceptual de fondo de Alemán sigue siendo el mismo que dice supuestamente combatir. Por ello, necesita como el agua eliminar al “Sujeto Histórico”, para combatir de igual a igual con el liberalismo. Un fracaso consagrado de entrada.

Pueden haber disminuido los obreros industriales, los aparceros y peones del campo, etc., y además las nuevas tecnologías producidas por esta época postindustrial tal vez hasta los haga desaparecer dramáticamente como tales, pero no desaparecerán como productos del desenlace del liberalismo individualista salvaje. Por lo tanto, tampoco desaparecen como “Sujeto Histórico”, tanto quienes siguen siendo trabajadores, como tanto el de los desposeídos y descamisados que ya no lo son, y al cual, según creemos, un peronismo entendido en sentido clásico, con sus banderas primigenias, debe seguir dirigiéndose. Porque si algo comienza a caracterizar a este “Sujeto Histórico” contemporáneo es ir perdiéndo todo lo que pudo obtener durante la etapa industrialista, más allá del terrible esfuerzo que hace el liberalismo para atomizarlo, creando y recreando subjetividades que lo aliene como fuerza única y vector de cambio, que no le permita encontrar su identidad, el “Sujeto Político” que lo exprese.

Alemán parece decirnos que debemos “aceptar” esas subjetividades para trabajar mejor en el ámbito político; adaptar el discurso a las reglas que impone el liberalismo subjetivizador. Creemos que es todo lo contrario: la “clase política” en realidad extravió al “Sujeto Histórico”, no es que éste desapareció, porque dejó de vivir sus experiencias, sus dolores, sus cambios, sufrimientos y caídas, y dejó que se deslizara, casi criminalmente, sin su conducción y protección, hacia el lumpenismo, la decepción o la anomia, en la peor de sus consecuencias. Desde este “Sujeto Histórico” real es de donde hay que construir el auténtico “Sujeto Político”.  Más aun, se dejó de pensar en algo fundamental, el “Sujeto Filosófico” que domina la época, el liberalismo atomista, individualista, salvaje.

Sujetos Filosóficos e históricos en el liberalismo, el socialismo, el nazi-fascismo y el peronismo:

Podríamos ilustrar aún más lo que entendemos por diferencias entre “Sujeto Filosófico” y “Sujeto Histórico” y sus relativas interdependencias, a través de un análisis somero de los grandes movimientos de masas del siglo XX.  Por ejemplo:

Para el capitalismo industrialista de fines del siglo XIX el “Sujeto Filosófico” será el hombre del dinero, del éxito individual, preparada ya su alma, extractivista y depredadora de los recursos naturales y de sus congéneres desde los comienzos del liberalismo atomista individual de la época moderna. Su triunfo práctico, su encumbramiento como amo y señor del mundo, inclusive como justificación ante Dios, será la clave para aceptar “su” verdad interior. La burguesía que lo encarna será su “Sujeto Histórico” llamada a diseñar un modelo de desarrollo universal.  Por el momento, resulta el único movimiento en pie y triunfante en el mundo actual desde los últimos quinientos años de historia, desde el descubrimiento de América por Colón, la reforma protestante anti católica, la concepción heliocéntrica de Galileo, o el Renacimiento artístico europeo. Desde donde se quiera partir.

En cambio, para una sociedad socialista del tipo soviético de comienzos del siglo XX, el “Sujeto Filosófico” será el hombre colectivo y solidario y su “Sujeto Histórico” será la clase obrera y el campesinado que lo encarna. Se suponía que los obreros y campesinos, enajenados de todos los bienes, no pretenderían apropiarse de ellos de manera individual sino social.  Serían el único “Sujeto” hasta éticamente posible de construir el socialismo y el comunismo.

Para una organización como las del fascismo italiano, el “Sujeto Filosófico” será el del ciudadano obediente, donde la unidad comunitaria del individuo hace a la fuerza social, y su “Sujeto Histórico” será el Estado corporativo, ordenador y conductor.

Para el nazismo hitleriano, el “Sujeto Filosófico” será la raza aria superior a las demás, la voluntad de poder individual y colectivo emergente de ella, y su “Sujeto Histórico” el líder que conduce a las masas.

Estos tres últimos —el socialismo, el fascismo y el nazismo—, vencidos por el liberalismo en el siglo XX, podríamos decir que no pudieron salir de la esfera de influencia del primero. Para el socialismo el “progreso” de la historia siguió siendo de orden liberal. Para el fascismo y el nazismo el Estado siguió siendo también de orden liberal.  Agotados sus proyectos históricos, por diversas razones, se decantó su esencia también liberal.

Para un movimiento nacional y popular, como el peronismo en Argentina, el “Sujeto Filosófico” será la comunidad organizada, las organizaciones libres del pueblo, sobre todo los sindicatos, solamente facilitados, no creados, por el Estado, y su “Sujeto Histórico” será la clase de los trabajadores, no sólo de la clase obrera industrial en el sentido clásico marxista, sino de todos aquellos que son capaces de producir lo que consumen. Podríamos decir, a diferencia de todas las anteriores, que el peronismo es en esencia una doctrina antiliberal, no individualista, sino comunitaria.  El filósofo ruso Alexandr Duguin destacó las similitudes del peronismo con su llamada cuarta teoría política.

Los Sujetos Políticos de cada uno de ellos fueron sus Partidos Políticos, Alianzas o Movimientos.

Otras relaciones entre “Sujeto Filosófico” y “Sujeto Histórico”.

Volviendo a Descartes (1596-1650, Francia).  Él escribe su célebre sentencia: «Pienso, luego existo», y funda con ello una nueva forma de cosmovisión, hija de la época Moderna y de los siguientes siglos. Éste es el “Sujeto Filosófico”, el Pensar humano por excelencia. Descartes le abrió la puerta a lo que llegó después, el deslumbrante Iluminismo (siglo XVIII), una corriente europea centrada en la «luz» de la Razón humana, precursora además de la “superior” Razón instrumental, experimental y cientificista de los siglos posteriores hasta nuestros días.

Es interesante destacar que el Iluminismo no sólo tiene origen en la secta de los “Iluminati de Baviera” (1776, Alemania), sino que, junto con la Ilustración francesa, será un abrevadero para varios personajes nuestros en el Río de La Plata. El “Sujeto Filosófico” brinda así, claramente, las mallas teóricas o de seguridad para quienes se proponen construir la historia como una lucha para llevar a la realidad ciertas ideas. Mariano Moreno con su jacobinismo iluminado, o Domingo F. Sarmiento con esa sociología de opuestos trastocados, pro norteamericana, de “bárbaros salvajes” por un lado, y los “ilustrados civilizados”, por el otro, son ejemplos clarísimos de cómo la base supuesta del “Sujeto Filosófico” por excelencia determinó la agrupación y la acción en torno al “Sujeto Histórico”.

La identificación del “Sujeto filosófico” con el “Sujeto histórico” será un rasgo de las sociedades imperiales en formación o ya formadas. O de todas aquellas que tienen una pretensión de universalidad. Pero, capciosa o despreocupadamente, más de una vez, se oculta al “Sujeto Filosófico” porque es su identificación auténtica la que nos puede llevar a entender muy bien las prácticas nefastas del “Sujeto Histórico” designado.

El Iluminismo «racional», junto al empirismo y al nominalismo, por ejemplo, les sirvió a los ingleses, y a todas las potencias coloniales, para invadir naciones, destruir pueblos. Nuevamente, el “Sujeto Filosófico” se llevaba oculto en la popa como el “Sujeto Histórico” enarbolado en la proa, encarnado en naves, morteros, municiones y espadas. Inglaterra debía construir y diseñar el mundo a imagen y semejanza de su librecambismo asimétrico, sin levantar sospechas: ustedes me abren sus fronteras comerciales, pero yo les cierro la mía. Ellos tenían el Poder de la Razón Iluminada contra la barbarie, y las diversas prácticas y tecnologías de punta de las ciencias experimentales a su favor.

Pero ahora, de esa Modernidad cartesiana, y de ese empirismo pragmático depredador, estamos transitando su definitivo fracaso. La emergencia de un forúnculo como Milei en la política argentina, por ejemplo -pero no sólo en ella-, son los últimos estropajos espantosos que quedó de la Modernidad argentina de un siglo atrás, nacida tardíamente, a la que el desquiciado reverencia extemporáneamente.

Y entonces, psicoanalistas como Jorge Alemán se insertan en la corriente de la llamada Posmodernidad para salvar lo que pueda quedar de ese estropicio Moderno. Donde no hay más tal sujeto incólume pensante sino diversas percepciones o autopercepciones subjetivas de lo que “es”. Lo racional, comparable a “civilizado”, se vuelve irracional. Ya no es permitido pensar en formas lógicas entendibles.  Lo irracional se vuelve “barbarie”. Del pensamiento objetivo humano como fundamento se gira a la subjetividad, haciendo concesiones teóricas frente a la gran ola putrefacta que nos invade.  De la filosofía clásica se deriva a la esfera abstracta de la psicología especulativa, auto perceptiva. Bienvenida entonces la entrada de la “barbarie” irracional en el pensamiento y en la realidad. Entonces, pensadores como Alemán, como otros, desde el ámbito universitario, proponen una nueva caja de herramientas que, en vez de contribuir a resolver el problema, lo agrava, pues el “Sujeto Filosófico” fundamental, aquel que condiciona al “Sujeto Político” que busca desentrañar, y permanece más oculto en el tiempo, sigue siendo el liberalismo atomista individualista, no sólo entendido como fenómeno económico (“neoliberalismo”) sino como civilizatorio deshumanizante. Y el “Sujeto Histórico” siguen siendo los sufridos o caídos del sistema, sin distinción de “subjetividades”.

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