El capitalismo absoluto y la animalización de los seres humanos, de Salvatore A. Bravo

Picture of Humo y Espejos

Una obra que incendia la noche del mundo

Por el COLECTIVO DE CULTURA POPULAR

Hay libros que se leen y libros que se padecen. Hay textos que informan y textos que transforman. Y hay, en fin, obras que no se limitan a describir el naufragio, sino que arrojan una luz roja sobre las aguas oscuras para que quienes aún respiran puedan orientarse hacia la orilla. El capitalismo absoluto y la animalización de los seres humanos, de Salvatore A. Bravo, pertenece a esta última estirpe: la de esos libros incómodos, feroces, lúcidos y necesarios que no se contentan con diagnosticar la enfermedad de nuestro tiempo, sino que se atreven a nombrar sus causas, a desentrañar sus mecanismos y a señalar —sin ingenuidad, pero también sin rendición— los caminos posibles de la resistencia.

No estamos ante un ensayo académico al uso, ni ante una de esas obras que se refugian en la jerga especializada para no decir nada a nadie. Estamos ante un texto de combate, escrito con la convicción de que las ideas, cuando son verdaderas, cuando están arraigadas en la realidad y cuando se expresan con claridad, pueden convertirse en armas. Y en tiempos como los nuestros —tiempos de neolengua, de pensamiento ceremonial, de inclusión forzosa y de animalización programada—, un arma intelectual bien forjada es, quizás, uno de los pocos instrumentos de liberación que nos quedan.

Antes de entrar en el cuerpo de la obra, permítasenos una breve semblanza de quienes la hacen posible: el autor y el traductor. Porque, en un libro como este, la autoría y la traducción no son meros datos anecdóticos, sino parte constitutiva del gesto intelectual que la obra representa.

Semblanza del autor: Salvatore A. Bravo

Salvatore A. Bravo es un filósofo y pedagogo italiano cuya trayectoria intelectual se ha caracterizado por una obstinada fidelidad a la verdad, entendida no como un depósito de certezas dogmáticas, sino como un proceso dialógico, comunitario y emancipador. Formado en la tradición del pensamiento crítico europeo —con especial atención a Hegel, Marx, Nietzsche y, de manera muy señalada, a la obra del filósofo italiano Costanzo Preve—, Bravo ha desarrollado una reflexión original que se sitúa en las antípodas tanto del academicismo estéril como del militantismo simplificador. Su pensamiento es el de un maestro de escuela que no ha dejado de pensar la escuela; el de un filósofo que no ha dejado de pensar la filosofía; el de un hombre que no ha dejado de pensar lo humano en tiempos de deshumanización.

La obra de Bravo se inscribe en una corriente que podríamos denominar «neohumanismo crítico» o «comunitarismo dialéctico»: una corriente que, rechazando tanto el individualismo liberal como el colectivismo burocrático, reivindica la comunidad como el espacio propio de la realización humana. En sus escritos, la pedagogía no es una disciplina técnica al servicio del mercado, sino una práctica filosófica de resistencia; la escuela no es una empresa, sino un baluarte contra la alienación; y la cultura no es un adorno burgués, sino el conjunto de las condiciones simbólicas que hacen posible la humanización.

Bravo ha sido, además, un lector atento y un continuador crítico de la obra de Costanzo Preve (1943-2013), el filósofo turinés cuya obra constituye una de las contribuciones más originales y menos reconocidas del pensamiento italiano contemporáneo. De Preve, Bravo hereda la convicción de que el capitalismo en su fase actual —que Preve denominó «capitalismo absoluto»— no es simplemente un sistema económico, sino una verdadera cosmovisión, una antropología, una religión secular que ha colonizado todas las esferas de la vida. Y de Preve hereda también la certeza de que la resistencia a este orden no puede ser meramente económica o política, sino que debe ser, ante todo, cultural y pedagógica: una resistencia que comience por la reconstrucción del logos, por la recuperación de la verdad, por la reivindicación de la comunidad.

Semblanza del traductor: Carlos X. Blanco

Carlos X. Blanco es un filósofo marxista, geopolítico, traductor y ensayista español cuya labor intelectual se ha centrado en la difusión en lengua castellana de obras fundamentales del pensamiento crítico europeo. También es uno de los padres del asturianismo moderno, introductor en España de la obra de Preve, Fusaro, Spengler, David Engels o Robert Steuckers. Su trabajo como traductor no es meramente técnico: es un trabajo de mediación cultural, de puente entre tradiciones, de apertura de horizontes. Traducir (introducir) a Bravo —y traducir a Preve, como Blanco ha hecho en otras ocasiones— no es simplemente verter un texto de una lengua a otra; es trasplantar un pensamiento, adaptarlo a un nuevo contexto, hacerlo disponible para nuevas luchas.

Blanco es, además de presentador de la obra de Salvatore Bravo, un pensador por derecho propio: un autor cuyos ensayos y artículos han contribuido a mantener viva en el ámbito hispanohablante la llama del pensamiento crítico, del humanismo combativo, de la filosofía entendida como práctica de liberación. Su nombre aquí no es simplemente el de un traductor o mediador de la obra de Bravo: es el de un cómplice, el de un compañero de ruta en la tarea común de resistir a la barbarie. También es un defensor de la insubordinación soberanista de España y del multipolarismo.

Resumen y análisis de la obra

El capitalismo absoluto y la animalización de los seres humanos es un libro extenso, denso, exigente, pero también apasionante y, en muchos momentos, iluminador. No es un texto para leer de un tirón, como se lee una novela. Es un texto para estudiar, para subrayar, para discutir, para volver sobre él una y otra vez. Su estructura —una colección de ensayos breves, organizados en torno a temas que van desde la crítica de la razón liberal hasta la pedagogía de la resistencia, desde el análisis del nihilismo contemporáneo hasta la reivindicación de la comunidad— permite múltiples entradas y múltiples recorridos. Pero hay un hilo conductor que atraviesa todas las páginas y que constituye la tesis central del libro: la deshumanización es el nuevo imperativo categórico de Occidente, y el capitalismo absoluto es su motor.

Bravo parte de una constatación que, por evidente, no deja de ser escalofriante: vivimos en una época en la que los seres humanos son tratados como mercancías, como cuerpos sin alma, como animales de consumo. La inclusión —esa palabra que se ha convertido en el mantra de la corrección política— es, en realidad, una forma de animalización: se incluye a todos, se toleran todas las diferencias, siempre y cuando todos se sometan a la lógica del mercado, siempre y cuando todas las diferencias sean reducidas a meras variaciones cuantitativas, a identidades fluidas y consumibles, a mercancías intercambiables.

El capitalismo absoluto, dice Bravo, no se limita a explotar la fuerza de trabajo: explota la vida entera, la subjetividad, la afectividad, la imaginación, el lenguaje. El «Homo oeconomicus» —ese ser abstracto, sin historia ni comunidad, que la razón liberal ha construido como modelo de humanidad— es el producto final de este proceso. Pero no es un producto natural: es el resultado de una revolución antropológica, de una transformación deliberada de la naturaleza humana, de una educación emocional que nos enseña a ser egoístas, competitivos, insensibles, calculadores.

Uno de los conceptos centrales del libro —y uno de los más fecundos para pensar la resistencia— es el de «empatía negativa». Bravo distingue entre una empatía positiva, que nos une a los demás en la común humanidad, y una empatía negativa, que nos permite «intuir» los deseos del otro para explotarlos, para venderle algo, para convertirlo en cliente o en mercancía. La empatía negativa es la forma de sociabilidad propia del capitalismo: una sociabilidad sin comunidad, una relación sin vínculo, un encuentro sin reconocimiento. El «Homo oeconomicus» no es un ser aislado: es un ser conectado, pero conectado a través de la competencia, de la seducción, de la instrumentalización mutua. Su soledad no es la del ermitaño, sino la del depredador: está solo porque todos los demás son presas potenciales.

Bravo analiza con especial agudeza el papel del lenguaje en este proceso. La «charla» —el «Gerede» heideggeriano, la palabrería vacía, el ruido mediático— es el medio en el que se desenvuelve el «Homo oeconomicus». En un mundo saturado de información, pero vacío de pensamiento, las palabras pierden su densidad, su capacidad de significar, su poder de convocar. El lenguaje se convierte en un instrumento de control, en un vehículo de eslóganes, en una herramienta de manipulación. Y la escuela, en lugar de ser el lugar donde se aprende a pensar, se convierte en el lugar donde se aprende a obedecer, a consumir, a adaptarse.

La crítica de la escuela —o, mejor dicho, la crítica de la escuela corporativa, de la escuela-empresa, de la escuela al servicio del mercado— ocupa un lugar central en el libro. Bravo no se limita a denunciar los aspectos más evidentes de esta transformación (la reducción de los contenidos, la obsesión por las «competencias», la introducción de la «alternancia escuela-trabajo» como forma de adoctrinamiento en el valor de cambio). Va más allá: analiza las raíces filosóficas de esta transformación, su lógica profunda, su relación con el nihilismo contemporáneo. La escuela, dice Bravo, ya no educa: adiestra. Ya no forma ciudadanos: forma consumidores. Ya no transmite cultura: transmite «competencias». Ya no enseña a pensar: enseña a calcular.

Frente a esta escuela de la adaptación, Bravo reivindica una «pedagogía de la resistencia»: una pedagogía que no se limite a transmitir conocimientos, sino que despierte la conciencia crítica; que no se limite a formar trabajadores, sino que forme personas; que no se limite a adaptar a los individuos al orden existente, sino que los capacite para transformarlo. Esta pedagogía de la resistencia no es una utopía: es una posibilidad real, inscrita en la propia naturaleza humana, en su capacidad de trascender lo dado, de imaginar alternativas, de luchar por un mundo mejor.

Bravo es consciente de las dificultades. No ignora que el capitalismo absoluto es un sistema poderoso, que ha penetrado en todas las esferas de la vida, que ha colonizado incluso nuestras formas de resistir. No ignora que la izquierda institucional se ha convertido en una función del mercado, que los partidos y los sindicatos han abandonado su papel de contrapoder, que la cultura crítica ha sido marginada o asimilada. Pero no cede al derrotismo. Su libro es, en el fondo, un libro esperanzado: un libro que confía en la capacidad humana de resistir, de imaginar, de crear. Una esperanza que no es ingenua, sino trágica: la esperanza de quien sabe que la lucha es desigual, que las derrotas son posibles, que el futuro no está garantizado. Pero también la esperanza de quien sabe que, mientras haya seres humanos capaces de pensar, de hablar, de amar, de luchar, habrá resistencia.

Caminos para la lucha anticapitalista

Un libro como este no solo diagnostica: también orienta. Y aunque Bravo no pretende ofrecer un recetario, sí esboza —a lo largo de sus páginas— una serie de pistas, de sugerencias, de caminos posibles para la lucha anticapitalista. Quisiéramos destacar algunos de ellos, no como un programa cerrado, sino como un conjunto de orientaciones para la reflexión y la acción.

1. Recuperar la verdad. El capitalismo absoluto no solo explota: miente. Y una de sus mentiras más eficaces es la de que no hay verdad, de que todo es relativo, de que todas las opiniones valen lo mismo. Frente a este relativismo nihilista, Bravo reivindica la verdad como un valor emancipador. No se trata de volver a los dogmas, sino de recuperar la capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso, entre lo justo y lo injusto, entre lo humano y lo inhumano. Sin verdad, no hay crítica; sin crítica, no hay resistencia; sin resistencia, no hay esperanza.

2. Reconstruir la comunidad. El capitalismo absoluto nos quiere átomos aislados, individuos sin lazos, consumidores solitarios. Frente a esta atomización, Bravo reivindica la comunidad como el espacio propio de la realización humana. No se trata de volver a formas comunitarias premodernas, sino de inventar nuevas formas de comunidad: comunidades de resistencia, comunidades de pensamiento, comunidades de lucha. La comunidad no es la negación del individuo: es su condición de posibilidad. Solo en comunidad podemos ser verdaderamente individuos; solo en comunidad podemos ser verdaderamente humanos.

3. Defender la escuela pública. La escuela pública es uno de los últimos bastiones de la humanidad frente al avance del capitalismo absoluto. Pero no cualquier escuela pública: no la escuela-empresa, no la escuela de las competencias, no la escuela de la alternancia, sino la escuela del pensamiento crítico, la escuela de la cultura clásica, la escuela de la formación integral. Defender la escuela pública significa defender la posibilidad de una educación que no esté al servicio del mercado, sino al servicio de la persona; que no forme consumidores, sino ciudadanos; que no adapte a los individuos al orden existente, sino que los capacite para transformarlo.

4. Reivindicar la cultura clásica. En un tiempo en el que la cultura clásica es marginada, ridiculizada o simplemente ignorada, Bravo reivindica su valor emancipador. La cultura clásica no es un adorno burgués: es un conjunto de herramientas intelectuales, de conceptos, de valores, que nos permiten pensar críticamente la realidad. Los clásicos nos enseñan a preguntar, a dudar, a argumentar, a imaginar. Nos enseñan, en definitiva, a ser humanos. Y en un mundo que quiere convertirnos en animales de consumo, recuperar la cultura clásica es un acto de resistencia.

5. Practicar la solidaridad. El capitalismo absoluto nos quiere competitivos, egoístas, insolidarios. Frente a esta lógica, Bravo reivindica la solidaridad como principio de acción y como valor humano. La solidaridad no es caridad: es justicia. No es un sentimiento paternalista: es una práctica política. Solidaridad con los explotados, con los marginados, con los excluidos. Solidaridad con todos aquellos que luchan por un mundo más justo, más libre, más humano.

6. Mantener la esperanza. En un tiempo de oscuridad, la esperanza es un deber. No una esperanza ingenua, que ignore las dificultades y los peligros, sino una esperanza trágica, que sepa que la lucha es larga, que las derrotas son posibles, que el futuro no está escrito. Pero también una esperanza activa, que se traduzca en práctica, en compromiso, en acción. La historia no está determinada: depende de nosotros. El capitalismo absoluto no es un destino: es una elección. Y siempre es posible elegir de otra manera.

Conclusión

El capitalismo absoluto y la animalización de los seres humanos es un libro necesario. Un libro que no se limita a describir el mundo, sino que nos invita a transformarlo. Un libro que no se limita a denunciar la barbarie, sino que nos muestra que otra humanidad es posible. Un libro, en fin, que nos recuerda que la resistencia no es una opción entre otras, sino un imperativo ético, una exigencia de dignidad, una condición de supervivencia.

No estamos ante una obra perfecta. Bravo es a veces reiterativo, a veces excesivamente polémico, a veces demasiado apegado a las categorías de Preve. Pero estos defectos —si de defectos se trata— son también virtudes: la reiteración es pedagógica, la polémica es necesaria, la fidelidad a Preve es la fidelidad a un maestro que merece ser leído y discutido. En cualquier caso, estos posibles defectos no empañan el valor de un libro que, en su conjunto, constituye una de las contribuciones más lúcidas y más valientes al pensamiento crítico contemporáneo.

En un tiempo en el que la izquierda ha renunciado a pensar, en el que la cultura ha sido reducida a mercancía, en el que la escuela ha sido convertida en empresa, en el que la humanidad es tratada como animalidad, un libro como este es un faro en la tormenta. No nos da todas las respuestas, pero nos ayuda a formular las preguntas correctas. No nos garantiza la victoria, pero nos muestra que la lucha es posible. No nos promete el paraíso, pero nos recuerda que el infierno no es nuestro destino.

Leamos, pues, este libro. Discutámoslo, subrayémoslo, compartámoslo. Hagámoslo nuestro. Porque en sus páginas, en su cólera y en su esperanza, en su lucidez y en su pasión, se encuentra una de las claves para entender nuestro tiempo y, sobre todo, para transformarlo. Y no hay tarea más urgente, ni más noble, ni más humana.

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Otra obra de Salvatore Bravo traducida por Carlos X. Blanco:
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(traducción de Carlos X. Blanco)

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Un comentario en «El capitalismo absoluto y la animalización de los seres humanos, de Salvatore A. Bravo»

  1. Muchas gracias por informar sobre este libro, los que somos adultos mayores hemos sido testigos del bombardeo de la empatía negativa hoy muy arraigada en la mayoría y es transversal.
    Por suerte hay espacio para los que observamos y analizamos antes de emitir opinión.
    Vuestra contribución intelectual nos alimenta el espíritu. No todo está perdido. Debemos volver a empezar.
    Saludos cordiales.

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