El comunismo, a nada de adueñarse de México – Por Jorge Santa Cruz

Humo y Espejos

Por Jorge Santa Cruz

Agradezco mucho a Humo y Espejos la oportunidad de publicar en esta nueva plataforma. Es un privilegio. Gracias a las personas que hacen posible este esfuerzo periodístico. Que tengan todo el éxito.

El liberalismo introducido a México por la masonería de los Estados Unidos ―a principios del siglo XIX― es el principal responsable de que la nación mexicana esté a punto de ser sojuzgada por una dictadura comunista como la de Cuba.

Es cierto que el actual presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, es un consumado manipulador de masas. También, que la mayor parte de la población mexicana fue golpeada salvajemente por los gobiernos anteriores al de AMLO. (Gobiernos que, por cierto, se encargaron de sumir a la mayoría en la pobreza económica y en la mediocridad intelectual y política).

Dicen la verdad quienes culpan del empoderamiento de López Obrador a sus predecesores; pero su visión histórica es, apenas, de mediano y corto plazo. 

La génesis del comunismo de AMLO, sin embargo, está en el liberalismo federalista establecido en el país por un hábil agente de la Doctrina Monroe y del Destino Manifiesto: Joel R. Poinsett.

Poinsett, nieto de calvinistas de ascendencia hebrea, era enemigo declarado del catolicismo y de la España católica. Por eso, forzó la caída del Primer Imperio Mexicano ―encabezado por Agustín de Iturbide― e impuso la leyenda negra contra los conquistadores capitaneados por Hernán Cortés.

Poinsett es el «padre espiritual» del indigenismo demagógico que campea en la mayor parte del continente americano. Lo utilizó con el fin de provocar la lucha de clases un cuarto de siglo antes de que Marx y Engels publicaran el Manifiesto del Partido Comunista.

Con el apoyo de Washington, estableció las primeras cinco logias masónicas yorquinas en 1825, desde las cuales se maniobró para que México perdiera Texas, primero (1836), y más de la mitad de su territorio, después (1848).

Poinsett es también el «padre espiritual» de Benito Juárez, el presidente liberal que derrotó al bando conservador con el apoyo militar de Estados Unidos, a cambio de que expidiera las leyes de Reforma y persiguiera a la religión católica. 

Juárez hizo más: entregó la soberanía mexicana a Washington, vía los Tratados McLane-Ocampo (14 de diciembre de 1859), los cuales, por fortuna, no fueron ratificados por el Senado estadounidense debido a que era inminente la guerra de secesión, pues los yanquis del norte temieron que pudieran beneficiar a los confederados del sur. Benito Juárez recibía «luces» desde las logias de Nueva Orleans (Luisiana) y Charleston (Carolina del Sur).

Hay quienes piensan, con cierta ingenuidad, que México nunca caerá bajo el yugo comunista por ser un país vecino de los Estados Unidos de América. La historia enseña lo contrario. 

Demos una prueba: el demócrata Franklin Delano Roosevelt asumió la presidencia de EE.UU. el 4 de marzo de 1933 y cuatro días después, nombró a Josephus Daniels como embajador en México. (Daniels dirigió el bombardeo de la flota estadounidense contra el puerto mexicano de Veracruz en 1914. A pesar de esos antecedentes, el gobierno mexicano le otorgó el beneplácito el 8 de marzo. El «hombre fuerte» en el país era entonces Plutarco Elías Calles).

Roosevelt y Daniels debilitaron a Calles y fortalecieron a otro general revolucionario, marxista radical, Lázaro Cárdenas del Río, quien asumió la presidencia de la República el 1 de diciembre de 1934. Cárdenas intentó implantar un régimen comunista con el visto bueno de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y la embajada de Washington en México. 

El gobierno de Roosevelt fue complaciente con Cárdenas del Río como lo fue con el dictador soviético José Stalin. 

Roosevelt sabía que iba a necesitar del petróleo mexicano para enfrentar el poderío de la Alemania Nacionalsocialista; de igual manera, estaba consciente de que la Unión Soviética, por sí sola, carecía de la fuerza suficiente (a pesar de la superioridad numérica en armamento y tropas) para derrotar a Hitler. En síntesis: Roosevelt era procomunista.

Otro ejemplo: Cuba fue entregada al comunismo internacional a pesar de su cercanía con Estados Unidos. El libro titulado El cuarto piso, escrito por Earl T. Smith, quien ―como embajador de Washington en La Habana― operó la caída de Fulgencio Batista, aporta pruebas irrefutables.

Nada tendría de extraño, pues, que Estados Unidos apruebe que López Obrador imponga una dictadura roja en México. AMLO aplica el liberalismo engendrado en EE.UU., sigue la agenda marcada por Poinsett en 1825, es juarista y cardenista, además de admirador de Franklin Delano Roosevelt.

¿A cambio de qué accedería el Estado Profundo que gobierna a los Estados Unidos? A cambio de que López Obrador le entregue la fuerza de los trabajadores mexicanos y los vastos recursos naturales de nuestro país.

El 18 de noviembre de 2021, en el marco de la IX Cumbre de Líderes de América del Norte, celebrada en la Casa Blanca, López Obrador propuso que América del Norte conforme un bloque comercial para enfrentar a China.

En el cuarto párrafo de su discurso ―pronunciado ante el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, y ante el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau―  AMLO defendió tal integración con estas palabras:

Las ventajas son muchas; entre otras, contamos con fuerza de trabajo joven y creativa, con desarrollo tecnológico y con una gran riqueza de recursos naturales; la distancias entre nuestros países nos permiten ahorrar en transporte y existe suficiente demanda en nuestros mercados. El consumo per cápita de América es de 18 mil 100 dólares anuales, mientras que en Asia es de 4 mil 400 dólares.1

En esa alianza comercial contra China, ¿qué país aportaría principalmente su fuerza de trabajo joven y su gran riqueza de recursos naturales? ¿Acaso México sería factor preponderante por su desarrollo tecnológico?

López Obrador se vanagloria de sus proyectos insignia (el Corredor Interoceánico, el Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas y el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles), pero calla que ha hecho poco, casi nada, por fomentar la industrialización del país. Esto beneficia, claramente, a EE.UU. 

El Estado Profundo que gobierna desde Washington tiene intereses y carece de escrúpulos. Le tiene sin cuidado la suerte del pueblo mexicano.

Referencia

Presidente de México. “Palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador durante el encuentro trilateral México-Estados Unidos-Canadá. IX Cumbre de Líderes de América del Norte”. 18 de noviembre de 2021. Recuperado de https://presidente.gob.mx/palabras-del-presidente-andres-manuel-lopez-obrador-durante-el-encuentro-trilateral-mexico-estados-unidos-canada-ix-cumbre-de-lideres-de-america-del-norte/

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4 comentarios en «El comunismo, a nada de adueñarse de México – Por Jorge Santa Cruz»

  1. Me temo que lo de don López Obrador seguirá siendo más «izquierfa indefinida» (en términos de Gustavo Bueno) que «comunismo», lo cual posiblemente sea aún peor. Un populismo, con mucho de demagogia y poco de doctrina, sin valores realmente transformadores. Nuestras élites continúan operando de espaldas a la integración de un gran bloque hispanoamericano, «dialogando» directamente con los Estados Unidos desde posiciones débiles y sumisas, pisoteando los lazos culturales, históricos, sociales, geográficos… que unen a los pueblos iberoamericanos, postergando una industrialización ordenada, desperdiciando la ventana de oportunidades que está ofreciendo un nuevo reacomodamiento del orden mundial.

    1. Parece que, para muchos iberoamericanos, ser «de izquierda» hoy equivale a someterse a los dictados del «Partido Demócrata» estadounidense (!). No hay más que ver las agendas culturales, económicas, laborales, educativas, sociales, mediáticas…

  2. SINIESTRO PERSONAJE Joel Roberts Poinsett (1779-1851), agente especial del gobierno de los Estados Unidos. Se introdujo en las esferas de poder mexicanas para, como se dice aquí, imponer la leyenda negra, la hispanofobia y el indigenismo demagógico. Este Poinsett –una especie de «embajador» estadounidense en México– que se hacía el indigenista colgando en el salón de recepción de su casa un gran cuadro de Moctezuma, era el mismo que tenía una gran amistad con su protegido, el capitán John C. Frémont. Recordemos que Frémont estaría al frente de las matanzas perpetradas en la hispana región de California contra los pueblos indígenas de la zona: la masacre de río Sacramento, la masacre del lago Klamath, la masacre de Sutter Buttes… Una muestra más del doble discurso anglosajón. Imponían en los países hispanoamericanos lo contrario de lo que hacía de fronteras para adentro. Todo aquello, como sabemos, acabó con los Estados Unidos arrebatándole casi la mitad de su territorio a los mexicanos («tratado de paz y amistad» de Guadalupe Hidalgo). Y después, claro, para el demagogo de López Obrador la culpa de todas las desgracias mexicanas pareciera tenerla la llegada de los españoles a América. Casi doscientos años después continuamos soltando a viva el discurso de los Poinsett, Butler, etc., etc. Lo cuenta muy bien MARCELO GULLO en «Madre patria», libro de imprescindible lectura para quien quiera asomarse a la historia no oficial de nuestra Hispanoamérica.

  3. TREMENDO PERSONAJE Joel Roberts Poinsett (1779-1851), agente especial del gobierno de los Estados Unidos. Se introdujo en las esferas de poder mexicanas para, como se dice aquí, imponer la leyenda negra, la hispanofobia y el indigenismo demagógico. Este Poinsett –una especie de «embajador» estadounidense en México– que se hacía el indigenista colgando en el salón de recepción de su casa un gran cuadro de Moctezuma, era el mismo que tenía una gran amistad con su protegido, el capitán John C. Frémont. Recordemos que Frémont estaría al frente de las matanzas perpetradas en la hispana región de California contra los pueblos indígenas de la zona: la masacre de río Sacramento, la masacre del lago Klamath, la masacre de Sutter Buttes… Una muestra más del doble discurso anglosajón. Imponían en los países hispanoamericanos lo contrario de lo que hacía de fronteras para adentro. Todo aquello, como sabemos, acabó con los Estados Unidos arrebatándole casi la mitad de su territorio a los mexicanos («tratado de paz y amistad» de Guadalupe Hidalgo). Y después, claro, para el demagogo de López Obrador la culpa de todas las desgracias mexicanas pareciera tenerla la llegada de los españoles a América. Casi doscientos años después continuamos soltando a viva el discurso de los Poinsett, Butler, etc., etc. Lo cuenta muy bien MARCELO GULLO en «Madre patria», libro de imprescindible lectura para quien quiera asomarse a la historia no oficial de nuestra Hispanoamérica.

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