Gustavo Bueno y Karl Marx. Más allá del Materialismo Filosófico
Prospecto del texto.
Este libro ha sido concebido desde el principio como un opúsculo, un breve texto de combate que pretende confrontar lo mejor del marxismo con lo mejor de ese pretendido sistema llamado “materialismo filosófico”.
El ensayo filosófico es, por su naturaleza, un ejercicio escrito de la crítica. Toda filosofía, en sí misma, no es sino una actividad crítica, una praxis racional en estado puro. Otra cosa es la ideología, la literatura, etc., actividades humanas que en su forma escrita o dialogada pueden parecerse al ensayo filosófico. Un ensayo que buscara adoctrinar, convencer a los ya conversos, jugar con las palabras, eso y nada más, no sería filosofía, dicho sea por vía de ejemplo.
La Filosofía, desde mi punto de vista, es un saber de Segundo Grado, y en esto coincido plenamente con mi antiguo profesor, don Gustavo Bueno. En muchos otros aspectos no me considero un materialista filosófico, en realidad no soy miembro de dicha Escuela y, por ende, me absuelvo a mi mismo de toda condena por “heterodoxo”. Heterodoxo es aquel que sale de una comunidad de fe, aunque para salir alguna vez estuvo dentro. No estoy ni estuve dentro de ninguna comunidad de materialistas filosóficos, aunque me formé, me doctoré y enseñé entre ellos; si bien hay aspectos de la filosofía de Bueno que comparto, y en este breve ensayo los voy a ir mostrando, en otros aspectos disiento gravemente. Tampoco me considero un marxista ortodoxo, suponiendo que el cuerpo de doctrinas e ideas, un corpus que de forma discontinua llevo años estudiando. No obstante, como espero mostrar, también hay aspectos filosóficos de la obra de Marx que doy por irrenunciables, y por ello, junto a Bueno pondré a Marx a modo de experimento: contrastación, complemento, diálogo. Esto es lo que indago al contemplarles juntos. Voy a buscar una superación del materialismo filosófico de ambos. Por ello titulo esta pieza escrita así: Más allá del Materialismo Filosófico.
Marx y Bueno: filósofos.
Para enseñar las cartas desde el principio: tomo de la obra de Gustavo Bueno su filosofía, de la misma manera en que lo hago con la de Marx. Me interesan poco los juicios sumarísimos e irracionales, hechos con intención ideológica. Esas “genealogías” (por cierto tan posmodernas) que remontan el Gulag a Marx, o que persisten en hacer remontar a la “ultraderecha” del partido VOX a Bueno, no son otra cosa que chatarra ideológica y difamación. Yo mismo, de manera modesta, he sido víctima de ese tipo de difamación –moralmente repugnante. A pesar de no ser famoso ni tampoco ser ningún mandarín académico, desde las páginas de una publicación electrónica “gustavobuenista”, vincularon mi modesta persona nada menos que con el terrorismo1. Hacer este tipo de cosas, falsas “genealogías” y difamaciones, es el extremo opuesto de la labor filosófica. Hay que pasar de largo con la nariz tapada.
En estas páginas me centraré en los aspectos ontológicos, tanto del marxismo como del materialismo filosófico de Bueno. Llevo muchos años enseñando Filosofía a la gente joven, mucho más años en nivel de Bachillerato, muy poco tiempo en la Universidad. Ahora que se va aproximando el horizonte de mi jubilación me doy cuenta de la importancia que tiene el hecho de que las personas sepan de qué hablamos realmente cuando hablamos de realidad. El mundo tiene que contar con un mapa o representación hecho por la generación de personas que lo habitan. Por más extenso e intenso que sea ese mapa, la realidad misma desborda el mapa.
La Ontología es la disciplina filosófica que versa sobre la realidad. Como disciplina filosófica, es un saber de segundo grado que debe tener en cuenta, “hacer pie” en los campos categoriales labrados por las ciencias. En modo alguno esos saberes categoriales constituyen la única realidad existente o posible. Hay un aspecto, para mí apasionante (lo confieso) en el materialismo filosófico de Bueno, arista y faz que entronca de lleno con Kant y con el idealismo alemán: el “mundo” es necesariamente desbordante con respecto a aquello que puede ser acotado, conocido, labrado por el sujeto. Pero es que, además, el “mundo” como intento de totalización de diversos órdenes o géneros de materialidad se queda corto ante una totalidad mucho más amplia, que podríamos llamar acorde con la Metafísica clásica, el Ser.
Gustavo Bueno distinguió una Materia Ontológico-General (M) de una Materia Mundana (Mi). Esta Materia Ontológico-General no puede ser entendida como un sustrato –en el sentido realista, nouménico, una materia prima, un ser porfiriano. El materialismo filosófico no puede ser confundido con un realismo tosco, ni con una metafísica ya periclitada. No obstante, esa M es una idea metafísica, nos guste o no, inserta en un sistema como el de Bueno que aspira a no ser metafísico. La Mi, la Materia mundana, es resultado progresivo de esa Materia Ontológico-General (M) aplicada a diversos campos. La M como idea metafísica se presenta funcionalmente como idea general epistemológica, como una suerte de artefacto que nos permite ver en sus diversas dimensiones cómo opera una Mi a escala mundanal, ya regionalizada. Ninguna Mi, materia ontológico-especial (o regional) existe sola, en sí misma. La materia regionalizada en tres géneros (o mejor, dimensiones, como dice con acierto el profesor Alvargonzález) es, a su vez, un regressus a partir de las realidades categoriales.
Estas realidades categoriales dan el contenido y el punto de arranque para llegar a cada idea regional de materia. En esto consiste el realismo de Bueno: hay realidades categoriales que nutren nuestra idea regional y general de “lo que hay”. La Ontología de Bueno no se basa en un “ser inmediato”, sino en un ser ya trabajado, ya operado previamente (saberes de primer grado).
Creo, no obstante, que este realismo tan potente, el de don Gustavo Bueno, un realismo mucho más elaborado que los precedentes, basado en objetos categoriales ya labrados y no basado, como lo hizo el realismo sustancialista (no menos potente en su tiempo) de Tomás de Aquino, en un ente íntegramente presente al Sujeto, es el ensayo de un sistema filosófico que requiere de una Epistemología General. Quiero decir con ello que la Teoría del Cierre Categorial aplicada a los saberes científico-categoriales estrictos no es esa Epistemología General, aunque aporta elementos clave para ella: la base de una teoría de la realidad (Ontología), Bueno empieza a hallarla sólidamente en los cierres gnoseológicos de la Física, de la Química, de la Geometría, etc. , pero estos cierres gnoseológicos (donde hay teoremas y principios que hacen de sistematizadores 2 de un sistema categorial, un sistema “de realidad”) no son, ni mucho menos el conjunto de lo que existe. Las ciencias humanas, la técnica y la tecnología presentan cierres operatorios, mediante los cuales el sujeto transforma el mundo (poiesis) y se transforma a sí mismo (praxis).
En este tipo de cierres –prácticos y poiéticos- es en el que la figura de Marx cobra, a mi entender, una colosal importancia. No puedo ver, de acuerdo con intérpretes como Preve o Fusaro, un materialista consecuente en Marx. En el corpus marxiano, en evolución permanente mientras el hombre que locreó vivió filosóficamente, hay más de idealismo que de materialismo. Pero un idealismo “práctico” y “poiético” que lo acercaría mucho al materialismo filosófico en muchas cuestiones.
Hiperrealismo de Marx y Bueno.
Como tal idea requiere trabajos más extensos, que espero poder publicar en el futuro, me contentaré con decir por el momento lo siguiente: Marx y Bueno están rigurosamente hermanados por su voluntad hiperrealista de construir una filosofía rigurosa. Ambos filósofos incurrieron en la falta de emplear los términos materia y materialismo para hacer referencia, respectivamente, a una realidad (en parte) objetivable y operable categorialmente, en el primer caso, y a un punto de vista racional y riguroso (“científico”, en el sentido no positivista de la palabra) en el segundo. Sin embargo, a las palabras las carga el diablo, que en este caso es la Historia. Para siempre, el materialismo será una postura metafísica y reduccionista, y la materia, si no es una idea metafísica (ontológico-general) es una idea del primer género (regional), corporeísta, energetista, fisicalista, etc.). Ni Marx quiso construir un sistema filosófico, ni Bueno fue capaz de hacerlo, o no vivó lo suficiente, etc. Para tal empresa hace falta una Epistemología General, en donde el Ego trascendental no aparezca como mero fantasma o epifenómeno, sino como la estructura misma de la realidad. Trataremos de ir desgranando esto.
El marxismo no es, en manera alguna, un sistema. Y el materialismo filosófico, esto es, el conjunto de doctrinas desarrolladas por el filósofo español don Gustavo Bueno Martínez, fallecido en 2016, quiso serlo, aunque no logró la empresa del todo.
Desde mi época de estudiante universitario, a comienzos de la década de 1980, tomé contacto con las dos corrientes doctrinales, ya que no hablamos estrictamente de sistemas, marxismo y “buenismo”. Con posterioridad a mi tesis doctoral, leída en 1993, o un poco antes, comencé a publicar artículos en revistas académicas, textos en los cuales, de un modo u otro, la idea y la palabra “materialismo” se hacían omnipresentes. En mi visión juvenil y no del todo informada de las cuestiones, creía que ese común denominador del “materialismo” aproximaba por sí mismo la versión que el profesor Bueno nos daba de la Filosofía, y la versión heredada que Karl Marx daba de la misma. En el caso de Marx, la rotulación de “materialista” no se limitaba a la Filosofía sino que era aplicada a su visión de la Historia y de otras Ciencias Sociales entonces en ciernes. Esto me pareció un error muy prontamente, en cuanto tomé cierta distancia de ambos autores, y sigo creyendo todavía hoy que es un error. Lo interesante del caso es que me pareció un error por motivos cambiantes a lo largo del tiempo.
- En mis primeros tiempos, primero como estudiante, como profesor asociado de Universidad y después como profesor de Bachillerato, observé en Bueno y en la llamada “Escuela de Bueno” una deriva reaccionaria, claramente incompatible con todo lo que representa el marxismo como filosofía emancipatoria, filosofía a la que me sentía mucho más adherido. Me abstendré en esta pieza escrita de relatar todas las circunstancias externas (municipales, partidistas, mediáticas, sociales en general), cuya constelación completa no puedo contemplar, y que condujeron a Bueno a un abrupto abandono de tesis sustanciales del marxismo, un abandono por parte de aquel “materialismo filosófico” que todavía en los años 70 podía y quería ser “compañero de viaje del marxismo”. Cuando en mis manos cayó el libro de Bueno “El Mito de la Cultura” (1996), en donde se hacían comparaciones meramente externas –por ejemplo- entre la termodinámica de una planta, de una parte, y la dialéctica marxista entre la base y la superestructura, de la otra, mis ojos se terminaron de abrir del todo. El materialismo filosófico desarrollado por Bueno nunca fue un verdadero compañero de viaje del marxismo, y es incompatible con la obra de Marx en varios puntos fundamentales. La incompatibilidad revelaba, además, una incomprensión fundamental del Marx filósofo por parte de Bueno.
- Muchos años más tarde, haciendo traducciones y estudios de los marxistas italianos heterodoxos, como Costanzo Preve o Diego Fusaro, me percaté de la verdadera naturaleza de la confusión. No es que Bueno fuera, en realidad, “poco materialista” en su comparación con Karl Marx. La cuestión es que la auto-adscripción como “materialistas” resulta, en los dos casos, un completo error. Mis otros maestros, italianos, Preve y Fusaro, han argumentado de una manera profunda y erudita en este aspecto: Marx fue un idealista, el más granado y consecuente sucesor del gran ciclo del idealismo alemán del siglo XIX. Tras la contribución esencial de Kant, punto de partida de Fichte, Schelling y Hegel, la metafísica idealista tomó grandes vuelos, no tanto por un supuesto “mentalismo” que engulle, por decirlo así, todos los contenidos del mundo, sino por el “lado práctico” del idealismo, aquel que el propio Marx valora sobremanera en laTesis XI sobre Feuerbach. El marxismo interpretado como Filosofía de la Praxis, esto es, como una teoría de la acción transformadora (y eventualmente revolucionaria) de los sujetos humanos en el mundo es la culminación del idealismo, no simplemente una “vuelta del revés”.
Dicho de manera muy sucinta, Marx no fue materialista, aunque él se declaró de esa manera con el fin de desmarcarse de la “mala metafísica”.
Cuando Marx se declara materialista suele querer indicar varias cosas: a) que adopta un punto de vista científico, crítico, riguroso, b) que no adopta un punto de vista ideologizado, una mala metafísica alzada sobre gratuidades e imposturas, c) que no ofrece un sustituto de la teología en ninguna de sus ramas (escatología), etc. Muchas de las polémicas y falsas interpretaciones sobre el “Marx científico” frente al Marx “filósofo”, como las que derivan de Althusser y su escuela, pueden ahorrarse si se entiende “ciencia” en el sentido alemán de la palabra, Wissenschaft, que era una ciencia filosófica teórica, no estrictamente empírica, como la Science anglosajona. Marx, al hablar de su “ciencia” en materia económica e histórica, no está yendo en contra de la Filosofía como tal a pesar de algunos pasajes suyos desafortunados. Marx confronta la Ciencia Filosófica (rigurosa, crítica, racional) a la (mala) Metafísica de su tiempo.3
Considero que el marxismo no es una ciencia, es una filosofía. En los últimos años he estudiado diversas obras de Costanzo Preve y de Diego Fusaro. El corpus de estos dos autores es inmenso. Preve ya ha fallecido, y dejó tras de sí numerosos libros. Los estamos traduciendo a la lengua de Cervantes. Por fortuna, Fusaro es un autor joven y en plena actividad, del que también estamos traduciendo su obra y dándola a conocer en castellano. Como primera aproximación diré que una cosa es la obra de Marx y otra es lo que se ha dado en llamar “marxismo”. Evidentemente, hay muchos marxismos. Del que no se va a hablar aquí es de un marxismo entendido como ciencia social positiva, o ciencia de la historia igualmente positiva. En mi opinión, en Marx está presente de forma no sistemática y, además, de manera confusa, una Ontología. Una ontología que podríamos apellidar “ontología del ser social”. Esta ontología del ser social mantiene un circuito incesante con saberes positivos (antropología, economía, historia, sociología, e incluso ecología), los absorbe y, a su vez, influye en ellos. De acuerdo con Bueno, yo creo que la conexión debería ser asimétrica: la Ontología del Ser Social, como parte de una Ontología general, debe estar fundamentada en los cierres gnoseológicos (termodinámica, ecología, etc.) y en los cierres simplemente operatorios (técnicos, tecnológicos, praxis cultural, etc.). Habría que desechar esta impostura o error de una “cosmovión marxista” que oriente las ciencias positivas,
Quien mejor ha formulado, a la altura del estado de las ciencias en el siglo XX, una ontología (es decir, una parte de fundamental de la Filosofía que versa sobre el ser, la realidad) ha sido Gustavo Bueno. Gustavo Bueno fue un materialista, como se sabe, un “materialista filosófico”. Yo no soy materialista filosófico, aunque tampoco defiendo un espiritualismo o cualquier –ismo. No obstante, defiendo muchos de los elementos que conforman ese materialismo filosófico fundado por Bueno. Uno de ellos este: la Filosofía es un saber de segundo grado. La ontología es aquella parte fundamental de la Filosofía que, tomando por base o haciendo pie en aquello que las ciencias han “construido” rigurosamente, estudia las ideas relativas al ser o a la realidad que no pueden quedar agotadas por un saber positivo determinado, por una región categorial concreta. El profesor David Alvargonzález, dice:
“Los saberes de primer grado son aquellos que tratan directamente de ciertas regiones de la realidad: son las ciencias y los saberes prácticos positivos, técnicos, tecnológicos, éticos, moralesy políticos. Esos saberes son regionales y no se armonizan entre sí de un modoespontáneo. Bueno defiende que la filosofía académica no trata directamenteacerca de la realidad, sino que parte de esos saberes de primer grado, que hace falta analizar, clasificar, coordinar y priorizar. Las ideas filosóficas brotan, precisamente,de la confrontación de los conceptos construidos por esos saberesde primer grado. Aunque tenga que realizarse teniendo en cuenta el estado delas ciencias, la filosofía no es una ciencia, de modo que la verdad de las diferentes teorías filosóficas es siempre un asunto abierto y renovado en el choque dialéctico de unas teorías con otras. Este continuo estado de discusión y de argumentación es el que hace de la filosofía un saber riguroso, aunque no sea científico.” 4
La Filosofía no es una ciencia, ni puede usurpar las funciones, los objetos y los cometidos de las ciencias. La Filosofía posee su propio rigor, pero no es un rigor que corrija o contradiga principios o teoremas dados en el primer grado.
En el caso concreto de la obra de Marx, como ya han resaltado los autores italianos mencionados, no hay que buscar en él al economista futurista que hizo predicciones fallidas, al sustituto del profeta que anuncia el fin de un mundo, el mundo capitalista, ni tampoco al economista que descubre las “leyes del capitalismo”, etc.
Costanzo Preve, en particular, me enseño a apreciar un Marx re-dimensionado: el filósofo que, partiendo del idealismo alemán clásico, supo (o intentó) ir más allá del idealismo y del plano meramente especulativo, con vistas a la transformación material del mundo.5 La transformación de una vida de miseria (la de los obreros, la de los que quedan en la cuneta de la Historia) nunca va a poder quedar restringida en el ámbito de la conciencia. Es una transformación práctica. El grandísimo mérito de Marx consistió en que, a través de una crítica implacable de los saberes positivos “burgueses” (la economía política, la historia), se abrió el espacio ontológico de la comunidad.
Marx emprendió una crítica feroz, gnoseológica y ontológica a la vez, de esos saberes. No se limitó a ver en ellos una “falsa conciencia”, una ideología “encubridora” de la realidad. Marx vio que esos saberes o ciencias sociales (de primer grado) estaban produciendo una determinada realidad. Una realidad que, desde una axiología más elevada, nos puede parecer infame. El hombre que vende su fuerza de trabajo y que se asimila a la máquina y aún peor, al apéndice o sirviente de la máquina. El hombre que vive para el trabajo, se aliena, se diluye por horas entregando su vida cada hora, y lo producido en cada hora, al capital. El hombre como papilla (lisológicamente convertido en Capital).
Una ontología rigurosa no se puede basar en una suerte de “esferas” de realidad o, como dice Bueno, “géneros de materialidad”. La esfera de lo físico-mundano corpoóreo (M1), la esfera de lo psicológico-privado (M2), la esfera de lo esencial-objetivo (M3) no existen, ni pueden ser fundamento. Estos “géneros” siempre se dan juntos, son dimensiones y no esferas.
No hay un hecho, un proceso, un ente o un sistema que se dé exclusivamente en uno de los tres citados géneros. La propia idea de Materia ontológico-general debe ser considerada una idea metafísica: no “hace pie” en ninguna categoría científica, en ningún campo labrado por saberes positivos. Tratar de legitimar un campo como privilegiado no es sino incurrir en el reduccionismo. Bueno oponía el “materialismo” al formalismo, y entendía los formalismos como variantes del reduccionismo. Su materialismo filosófico no quería ser un reduccionismo (formalismo) fisicista (M1). Tampoco psicologísta o sociologista (M2). Ni mucho menos debería tratarse de un reduccionismo M3, “platonizante”.
Mi propia experiencia, lejana ya, como estudioso del materialismo filosófico, me enseñó que había muchos sesgos en la ontología que desarrollaba Bueno (y que la mayoría de sus discípulos exageraban, por aquello de que el discípulo acentúa hasta la caricatura los rasgos ya de por sí afilados del maestro): a) M (materia ontológico-general) no era vista como idea metafísica, como esa indeterminación a la que se quiere llegar desde las categorías, pero de la que no se puede volver para volver a aplicarla al mundo; antes bien, se recaía en una suerte de “fe materialista”, como la de Engels o los materialistas del XIX, y los discípulos solían entender M como una suerte de sustancia común de Mi; b) ningún género especial de materialidad debe privilegiarse, y ninguno se corresponde con una ciencia o grupo de ciencias concreto, pero abundaban las recaídas en un privilegio de M1, acaso porque la operatoriedad (M2) sólo podía recaer de forma recta sobre la materia primogenérica, en principio.
En mi tesis doctoral, Gnoseología de la Psicología Cognitiva (1993)6 traté de hacer ver que no hay tal cosa como “la Psicología”, y que esta no era una “ciencia de los contenidos M2”. Antes al contrario, las psicologías (así, en plural) recogían retazos de categorías del ser y (creo que muchos más), retazos de categorías del hacer. Entre las numerosas metodologías recogidas en ese maremágnum de las ciencias cognitivas, el aspecto operatorio primaba: “fabricar” secuencias de operaciones (programas, formalismos, rutinas) cuando se trataba de modelos informáticos, o describir y desmenuzar esas secuencias operatorias, ya vengan implantadas en cerebros, en cuerpos actuantes, en máquinas computadoras, etc.
Las categorías del hacer, como se ve con claridad en el reciente libro de Alvargonzález, no son categorías científicas estrictas. Como base para la ontología rigurosa (parte fundamental de un saber de 2º grado), no ofrecen la misma solidez que las categorías científicas estrictas. Pese a ello, las categorías del hacer no están exentas de racionalidad. Además exigen ser analizadas y coordinadas entre sí, con las ciencias y también coordinadas en suma con todo aquello que forma parte de la cultura. De otra parte, el hacer también forma parte del ser, con lo cual la distinción es más bien formal y expositiva.
La necesidad de una Epistemología General.
Volviendo a Marx. En este autor hay retazos de saberes positivos (p.e. sus estudios sobre el valor económico y la mercancía dentro y contra la Economía Clásica) o históricos (su concepción estructural de cada modo de producción como sistema dotado de elementos en interacción), pero lo que en el corpus marxiano prima es una coordinación (inacabada, germinal) entre categorías del hacer.
La génesis de cómo la praxis humana ha ido cambiando, y el prospecto de cómo esta propia praxis refluye sobre el estado vigente –capitalista- de las cosas, es una labor muy notoria. En posteriores escritos, trataré de ver y hacer ver que “no hay ciencia del Sujeto”, y postular la existencia supuesta de una Ciencia Del Sujeto lo cual equivaldría a abrazar al idealismo, y a ver burdamente en Marx “un idealista como los otros que le precedieron”. Pero sí creo que se puede ver a Marx un filósofo ontólogo crítico, aunque con ciertas recaídas metafísicas. Un ontólogo de la praxis, en la cual el Sujeto está coordinando términos (y relaciones) por medio de operaciones. Un Sujeto que está siempre transformando el entramado social y productivo del que parte. No hay ciencia del Sujeto, pero sí hay una Epistemología en la cual el sujeto operatorio coordina términos y configuraciones de términos.
Se debe distinguir con nitidez Epistemología y Gnoseología del Cierre Categorial. En el corpus de Gustavo Bueno, la Epistemología es una teoría general del conocimiento centrada en el análisis del Sujeto y en las interacciones del Sujeto con el Objeto. En ese análisis materialista de Bueno, no se puede sustancializar el Sujeto ni el Objeto, ni tampoco cabe una concepción dual, pues en la relación S-O debe mediar siempre un tercer vértice, formándose una suerte de triángulo epistemológico análogo al triángulo semiótico. El tercer vértice es el del signo (σ). El sujeto, desde un punto de vista materialista, es siempre un organismo vivo dotado de capacidad operatoria.
La capacidad operatoria de una ameba es mínima, en comparación con la de un primate, aunque no es nula. La capacidad operatoria de un hombre, y acaso de otros mamíferos superiores, es proléptica sin lugar a dudas: el individuo es un centro productor de cursos operatorios dirigidos a un fin práctico. El llamado “conocimiento del objeto” es siempre, en un plano, producción del objeto partiendo de otros objetos (O), signos (σ), operaciones y sujetos (S).
La Epistemología, y en esto seguimos al mejor intérprete de Bueno, David Alvargonzález, es una teoría general del conocimiento, no una teoría específica de las ciencias. Para este segundo caso, el profesor Bueno reservó el nombre de Gnoseología. Las ciencias estrictas son categorías del ser, nucleadas en torno a principios y teoremas. Estos principios y teoremas de cada una de las ciencias estrictas han expulsado o neutralizado el Sujeto Operatorio. Cada principio de las ciencias fundamenta teoremas en los que unas partes materiales u objetuales “cierran” con otras (Oa-Ob) por la mediación de signos (σ). Genéticamente, y como parte material de las ciencias siempre hay Sujetos (S), y más aún, relaciones sociales, cooperativas, competitivas, etc. entre Sujetos. Pero sólo en ese sentido genético y material, no en el sentido formal.
David Alvargonzález interpreta la doctrina de los tres géneros de materialidad –M1, M2, M3, de la Materia Ontológico-general (M) y del Ego Trascendental (E), como una doctrina epistemológica. Lo hace así en aras de una mayor claridad y coherencia, pues estos conceptos instrumentales que Bueno expuso en su obra fundamental Ensayos Materialistas (1972) son compatibles, dice el profesor Alvargonzález, con otros sistemas filosóficos no materialistas, del más variado pelaje.
El fundamento ontológico de una ontología materialista dialécticamente enfrentada a otras (tanto materialistas monistas, como las del siglo XIX, como formalistas) está en las categorías científicas estrictas. Estos campos categoriales, se nos dice, son aquellos donde el filósofo materialista hace pie. Los géneros de materialidad no son regiones del ser. Las verdaderas regiones o parcelas del ser son las categorías científicas. Así pues, la Física, en sus distintos cierres (nunca acabados, siempre “abiertos” a sucesivas reabsorciones o superaciones) como son el newtoniano, el relativista, etc., no es exclusivamente una “ciencia de seres del primer género” (cuerpos, entes físicos, fuerzas, la extensión, etc.), ni mucho menos. La propia física como posibilidad de ciencia y como factum científico da por supuesto sujetos perceptores y, en general operatorios (M2). La física establece relaciones esenciales, objetivas, “cerradas” operatoriamente, en donde el sujeto desaparece (M3). Como ya se ha dicho, en cada campo categorial comparecen y se coordinan los tres géneros de materialidad, y el Sujeto (S) tampoco es un ente que pertenezca exclusivamente a uno de ellos, a M2 entendido como sujeto psicológico, sociológico o epistemológico general, constructor de “realidades”.
La base de la ontología materialista de Bueno, pues, son las categorías científicas, especialmente las categorías de ciencias estrictas que su discípulo, Alvargonzález, denomina anantrópicas. Lo que formalmente caracteriza a las ciencias estrictas es que las constantes, las estructuras, las relaciones, las esencias, todo cuanto se nuclea en torno a sus principios y teoremas es absolutamente independiente del Sujeto. El sujeto “interviene” en el descubrimiento de todas esas relaciones, estructuras, esencias, identidades, pero las mismas objetualidades no necesitan para nada de un Sujeto. Esta es la parte realista, objetual, de la Teoría del Cierre Categorial.
Es un núcleo duro de la Teoría del Cierre Categorial que, me parece, es uno de los logros máximos y perdurables de la obra de Bueno. Una gnoseología materialista es una teoría de las ciencias estrictas, no una epistemología general. Las ciencias no son, simplemente, conocimientos. Decir tal cosa es hacer una afirmación demasiado general, del mismo orden que calificar a una persona como mamífero. No se miente, pero se ofende a la especificidad ontológica designada.
La epistemología, que versa sobre el conocimiento y sobre cómo el Sujeto produce, crea, descubre, etc. los conocimientos, es una disciplina que sólo de manera oblicua recoge y comprende las ciencias. La epistemología misma puede presentarse –de manera efectiva o de manera desiderativa- como ciencia, esto es, saber de primer grado que toma por objeto a otros saberes de primer grado, y también como rama de la Filosofía, como teoría general del conocimiento. Ante esta ambigüedad, yo coincido con Alvargonzález en que no puede haber sino una Epistemología de 2º grado a la hora de analizar y coordinar las ideas generales, trascendentales, aquellas que rebasan los campos categorías, los atraviesan, son comunes a varios o a todos7. Y entre esas ideas están, por supuesto, la idea de materia y otras más, muy importantes: la propia idea de tiempo, de relación, de verdad, de sujeto. Ante ellas, no disponemos de un campo organizado regionalmente, al lado de los otros. Por ello, si queremos estudiar el modo en que el sujeto coordina categorías científicas estrictas (anantrópicas, según Alvargonzález), tomando estas como base, fundamento, en un suelo firme, debemos saber que esta coordinación no es, ella misma y a su vez, una categoría más, una suerte de super-categoría. Las pretensiones monistas aparecerían aquí de un modo inmediato.
Yo comparto, pues, con estos dos antiguos profesores (y maestros) míos la tesis pluralista y la tesis de la inconmensurabilidad inter-categorial.
Pluralismo.
La tesis del pluralismo es una de las tesis fundamentales de una filosofía materialista como la de Bueno, aunque puede haber (y de hecho hay) pluralismos no materialistas. Haciendo uso de una metáfora conocida diré que las categorías de las ciencias no son piezas de un gran puzle, perfectamente recortadas según las siluetas de sus piezas vecinas y según el orden general que estructura dicho puzle de la realidad. En medio de una realidad múltiple y desbordante, no toda ella conocida, y no sólo eso, no toda ella con-mensurable con la ya conocida, la humanidad ha ido posando pie en diversas islas. Las islas son las categorías científicas estrictas. Ellas mismas son delimitaciones de una realidad, pero en la Teoría del Cierre Categorial la delimitación se hace en la dirección desde dentro hacia afuera. Las verdades científicas son los teoremas de las ciencias, identidades sintéticas. Estos teoremas son el resultado de cierres operatorios en los cuales los sujetos, imprescindibles desde el punto de vista genético, pues son ellos quienes poseen, por así decir, la “fuerza viva” y la capacidad propositiva para establecer relaciones a través de las operaciones que siguen, sin embargo quedan neutralizados.
La Filosofía no es una ciencia, y en ella no puede quedar neutralizado el sujeto operatorio. Ciertamente, la Filosofía es correctamente definida por Bueno como un saber de segundo grado, que nace en Grecia en un cierto momento del siglo VI a.C. (los presocráticos) formando un bloque inconsútil con la ciencia incipiente de la Antigüedad. Esa ciencia incipiente era la Geometría, que sirvió además como modelo de racionalidad para los grandes filósofos griegos, Platón y Aristóteles, fundamentalmente. Desde el nacimiento del bloque Ciencia-Filosofía en la Grecia antigua, hasta su ruptura en la Edad Moderna, por la mano de Galileo y los demás actores de la revolución científica (Copérnico, Kepler, etc.), pero muy especialmente Newton, fue el escaso desarrollo de la ciencia grecorromana y medieval el que permitió que dicho bloque siguiera su desarrollo sin romperse. Los Elementos de Euclides, en Geometría, una embrionaria Astronomía geométrico-cinemática, una no menos germinal Aritmética, una Medicina demasiado empírica y poco “cerrada” categorialmente…
Justo en el proceso de cambios europeos (y de la parte más desarrollada de Norteamérica) que se conoce como “Revolución Industrial”, los saberes categoriales ya comienzan a llevar una vida enteramente separada con respecto al saber filosófico. La Física newtoniana logró en el siglo XVIII el estatus de “reina de las ciencias”, y áreas importantes dentro de los saberes físico-naturales (denominados por Alvargonzález como anantrópicos) comienzan a cerrar (Termodinámica, Química…). El capitalismo comercial y el manufacturero estaban dando paso a un tipo de capitalismo industrial, altamente mecanizado. Este es el capitalismo que conoció Karl Marx, y el que analizó en su monumental obra El Capital.
El marxismo como Filosofía, tal y como dijimos más arriba, no es una ciencia ni debería pretender alzarse como ciencia. La historia interna de este movimiento está atravesada por estas pretensiones cientifistas. Y lo está, al menos, desde el mismo momento en que su fundador falleció, si no antes:
“Así como Darwin descubrió la ley de la evolución de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley de la evolución de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto hasta él bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, &c.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales y, por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o de una época es la base sobre la que se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse; y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo.” 8
Estas famosas palabras las pronuncia su amigo y colaborador Friedrich Engels en el cementerio de Highgate, Londres, el 17 de marzo de 1887. Fueron dichas ante la tumba de Marx, y, como homenaje, el amigo fallecido es presentado como “el Darwin de la Historia”.
La ciencia de la Historia entendida de forma evolucionista, y además lineal (una linealidad desmentida en el propio evolucionismo biológico estricto, que es el de las especies vivientes), sirvió como soporte de las interpretaciones ideológicas del marxismo de la II Internacional (Kautsky), del materialismo histórico soviético y de muchas otras versiones occidentales, pero todas lineales y teleológicas, de esa supuesta ciencia del materialismo histórico. En Antropología Cultural y en Sociología, la influencia de un marxismo evolucionista-lineal, también ha sido enorme.
Ahora bien, desde la Teoría del Cierre Categorial, un saber no se convierte en ciencia por el hecho de descubrirse en su seno una “ley”. Las leyes científicas se pueden enunciar y, luego, utilizar explicativamente, predictivamente, etc. debido a que existen teoremas (identidades sintéticas) unificados por principios.
El discurso de Engels prosigue así:
“Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual régimen de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él. El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas.
Dos descubrimientos como éstos debían bastar para una vida. Quien tenga la suerte de hacer tan sólo un descubrimiento así, ya puede considerarse feliz. Pero no hubo un solo campo que Marx sometiese a investigación –y éstos campos fueron muchos, y no se limitó a tocar de pasada ni uno solo– incluyendo las matemáticas, en que no hiciese descubrimientos originales.
Tal era el hombre de ciencia. Pero esto no era, ni con mucho, la mitad del hombre. Para Marx, la ciencia era una fuerza histórica motriz, una fuerza revolucionaria.”
No vamos a entrar en el trillado debate sobre si Engels fue un positivista. O si lo fue el propio Marx. Queda muy bien establecido que la época en que estos dos filósofos vivieron era, en todo Occidente, una época de positivismo ambiental. Difícilmente, dos alemanes cultos, con abundantes estudios científicos en su haber, en el siglo XIX, podían librarse de giros lingüísticos y esquemas de pensamiento positivistas. Las abundantes páginas “anti-filosóficas” de ambos, no obstante, son páginas escritas contra lo que ellos entendieron como metafísica. En numerosos pasajes, la adopción del rótulo de “materialismo” significó, sobre todo, no tanto la adscripción a una doctrina mecanicista, corporeísta, reduccionista (Feuerbach, Büchner, Haeckel…) y menos una retardataria continuación de La Mettrie o el materialismo sensualista de la Ilustración. Materialista, significa en estos dos filósofos, “riguroso”, “acorde con las ciencias”, “racional”, “no idealista”, “explicable con criterios positivos o categoriales”. En este sentido, remito al lector a la obra de Costanzo Preve, un autor que, como he dicho estamos traduciendo y estudiando. Una de las tesis centrales de Preve fue explicar qué quisieron decir los fundadores del marxismo cuando hablaron de “materia”, “material” y “materialismo”. Suele ser, en realidad, un sinónimo de “concepción científico-racional” y “no metafísica”.
No obstante, Marx y Engels no dejaron de ser filósofos a lo largo del tiempo, y esto por encima de su autoconcepción. Preve, y Fusaro señalan los componentes fuertemente idealistas de ambos, especialmente del primero. Es de conocimiento universal que Marx fue siempre discípulo de Hegel (pese a Althusser y su escuela), aunque es menos reconocida la influencia de Fichte. Dentro de la escuela de Oviedo, las interpretaciones del profesor Manuel Fernández Lorenzo, gran conocedor del idealismo clásico alemán, son las más pertinentes a la hora de comprender este “Marx idealista”. Un idealista que trató de dejar de ser metafísico, centrado en el papel del Sujeto operatorio. Un Marx que inaugura la “filosofía de la praxis”.
A mi modo de ver, dentro del materialismo filosófico de Bueno, residen todos los ingredientes de una filosofía de la praxis, teniendo siempre en cuenta que en las llamadas ciencias estrictas, aquellas donde se dan potentes cierres operatorios y el sujeto queda neutralizado, la praxis (que en Bueno no se da sola, pues también el sujeto en las ciencias hace poiesis), pasa a quedar relegada al momento genético, y se retira o neutraliza en el momento esencial. En los demás dominios, a saber, en las ciencias humanas y etológicas, en las tecnologías, técnicas, artes, etc (categorías del hacer), el sujeto es ineliminable.
La filosofía de Bueno me parece una filosofía de la praxis y de la poiesis, sin perjuicio de que el sujeto operatorio quede efectivamente eliminado en las ciencias anantrópicas, y sin perjuicio que las ideas de Ser y de Materia sean desbordantes de las sucesivas y crecientes expansiones del radio operatorio del Sujeto (entendemos que del Sujeto humano).
Algunas personas ligadas a la Fundación Gustavo Bueno, poseedoras de un presunto monopolio del materialismo filosófico, superponen exhaustivamente (sin residuo) el radio de acción de los sujetos y el campo de la realidad, como realidad cognoscible. Esto es por completo falso, como acertadamente dice Alvargonzález. Tal tipo de tesis es una especie de kantismo, un idealismo trascendental. Por ello, para evitar equívocos, es mejor denominar la filosofía de Bueno “hiperrealismo”, en el sentido de que hay un entronque con el realismo, pues el Sujeto no “inventa” ni construye toda la realidad, sino solamente una parte de ella (el Espíritu Objetivo, la Cultura, el Arte, la Técnica, la Moralidad, etc.) y “hace pie” en las categorías científicas estrictas para ir, muy a menudo, más allá de ellas.
Como dice el profesor Alvargonzález:
“Bueno defendió una filosofía materialista, crítica con la teología, con elcorporeísmo, con el espiritualismo, con el formalismo, con el idealismo y concualquier variedad de monismo. Esta filosofía materialista, aunque hunde susraíces en el materialismo del siglo XIX, supone una rectificación muy enérgicade ese materialismo corporeísta, pues niega el monismo, defiende la necesidadde tomar siempre en consideración la mutua involucración entre los aspectosfisicalistas, fenomenológicos y abstractos de lo real, y propugna la determinaciónmutua de los componentes básicos y superestructurales de las culturas yde los procesos históricos.”, 9
La elección del rótulo, “materialismo”, es claramente polémica, aunque a la postre desafortunada. Entendemos polémica no meramente en un sentido dialógico subjetual: mi sistema contra tu sistema, este sistema contra aquel otro sistema, sino polémica (de pólemos,, πόλεμος, guerra) en el sentido de confrontación objetiva: mi sistema es contradictorio con tu sistema, en todo o en parte.
Es un rótulo que se debe entender en los términos propios de la Historia de la Filosofía, como gran parte de la terminología de esa especie de Biblia del materialismo ontológico de Bueno, que son los Ensayos Materialistas(1972): allí hallamos los esquemas para reinterpretar las filosofías del pasado, sistemáticas o no, y de esa manera, objetivamente polémica, el proyecto de Ontología de Bueno se contrasta, se recorta, se “mide” con otros que se han dado en el pasado, aunque también hay otros que conocen prolongaciones y pervivencias en el presente.
El problema es que, al “medirse” con esos sistemas pretéritos, así como con las pervivencias y revivals dados en el presente, el término polémico de materialismo acaba arrastrando consigo aquello que precisamente Bueno quería ofrecer frente a las alternativas más potentes o más en boga en ciertos momentos. En los años 60 y 70 del pasado siglo, en el contexto europeo de un renacimiento del “marxismo occidental” no soviético, así como del auge de las metodologías formalistas para el análisis de las ciencias (lógica, cibernética, teoría de la computación), es muy probable que Bueno hiciera del rótulo “materialismo filosófico” un uso análogo al de un ariete, para así hendir los sistemas y corrientes que se reivindicaban materialistas como aquellos que incurrían en el formalismo, alternativa genérica al materialismo, una alternativa, por cierto, dada en el mismo plano que éste.
Cuando Bueno habla de “materia”, como ya llevamos dicho, no habla en un sentido categoríal específico, sentido el cual nos remitiría inmediatamente a la M1, materia física o corpórea, a la que no habría que privilegiar pues están también los otros dos géneros mundanales de materialidad. La idea de materia en el sistema de Bueno es compleja, y debe diferenciarse a) por un lado, una materia mundana Mi, que no es solamente M1, sino que es, también M2 (interior, subjetual, perceptual, conductual…) y M3 (objetiva, transubjetiva, esencial, estructural…) y b) por el otro lado, una materia ontológico general, M.
Ningún género de materialidad se da encapsulado, exento, esto es, no se da en soledad. Con acierto, Alvargonzález apunta que los géneros pueden ser considerados como dimensiones. Cuando percibo un espacio tridimensional, actúo u opero en él, y pertenezco a él (pues mi propio cuerpo es tridimensional), doy por sentado que incluyo la primera y la segunda dimensión en la tercera. Si mido mi talla, me quedo con la primera dimensión (longitud) haciendo abstracción de las demás. Si yo midiera el área de mis pies o de mi cintura (en una sección), no por ello me convierto en una (imposible) criatura plana, sino que realizo operaciones tendentes a abstraer la primera y la segunda de las dimensiones. Así ocurre con los géneros de materialidad, que son dimensiones epistemológicas disociables epistemológicamente (por abstracción) pero no separables. Cuando hablamos de separación, hacemos referencia a una real o física ruptura de una entidad, dando lugar a dos entidades, con independencia de que estas sigan siendo viables en algún respecto, o no. En el caso de la separación, podría distinguirse entre fragmentación, si las dos o más entidades que resultan de la separación no son viables (fragmentos) y división, en caso de que las dos o más entidades resultantes sí resulten viables (como en una división celular, que de una pasamos a dos o más células independientes, con existencia biológica propia a partir de la separación).
La distinción arriba esbozada guarda una relación estrecha con otra, que es preciso introducir aquí. La distinción entre partes formales y partes materiales. Las partes formales retienen para sí una configuración del todo del que partieron. El ejemplo habitual en las clases y escritos de Bueno es el de los trozos de un jarrón roto: la silueta de los trozos, así como las concavidades y convexidades de cada trozo son aspectos (“fragmentos formales”) del jarrón cuando existía entero. Ahora bien, la trituración o reducción a motas de polvo, por medio de algún aparato o procedimiento, convertiría dichas partes en meras partes materiales. En las partes materiales no se reconoce el todo, no hay rastro de la configuración holótica (del griego ólos, όλος,todo) de que se partió.
Esta distinción entre partes formales y partes materiales es una idea lógico-material. Quiere esto decir que la propia materia, en sus distintas dimensiones, se atiene a un logos, a un cierto orden o estructura. También los sujetos operatorios siguen procedimientos y cursos operatorios con arreglo a un cierto orden o estructura, del cual la legalidad lógico-formal solamente es un caso especial. El materialismo filosófico de Bueno no concede al sujeto operatorio un privilegio ontológico, una suerte de estatus especial. Como acontece con cada dimensión o género de materialidad, su consideración disociada (nunca separada) es abstracta. Tal y como reza la cita de arriba el materialismo filosófico“…defiende la necesidad de tomar siempre en consideración la mutua involucración entre los aspectos fisicalistas, fenomenológicos y abstractos de lo real”. El sujeto operatorio puede hacer de sistematizador en un contexto técnico o artístico, pues en función de sus planes, fines, propósitos, los términos fisicalistas pueden resultar ensamblados o despiezados, de manera muy diversa y en planos también distintos. El contexto técnico o artístico forma una suerte de paisaje fenomenológico cambiante precisamente por la acción del sujeto operatorio que, recordemos, siempre es plural (S1 / S2), comunitario, cooperativo o competitivo, social y dado en un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. En este caso nunca hay segregación o neutralización del sujeto operatorio. La actuación del Sujeto operatorio en los contextos técnicos y artísticos es análoga a la actuación de éste en los contextos de las ciencias humanas, salvando aquellos momentos metodológicos que Bueno llama alfa-operatorias, momentos en los cuales estas ciencias humanas y etológicas se aproximan a las ciencias anantrópicas o ciencias estrictas.
En mi tesis doctoral, Gnoseología de la Psicología Cognitiva (1993), y en el rosario de artículos que, a modo de secuela, publiqué en los años inmediatos, no llegué a emplear la terminología del profesor Alvargonzález, cuyo mérito y acierto le corresponde a él, diferenciando entre ciencias antrópicas y anantrópicas. Para las primeras el término de mi elección era en aquel entonces demiúrgico. El asunto que en aquellos años quise dilucidar guardaba relación con la visión homuncular presente en tantos y tantos modelos y “teorías” de la ciencia cognitiva: un sujeto operatorio tomado como objeto de estudio hacia dentro, modelizado como totalidad resultante de uno o varios sujetos operatorios internos que siguen programas, tomando la palabra “programa” en el sentido no solo formalista (lógico-matemático, computacional, algorítmico, computacional, etc) sino también en el sentido lógico-material, un sentido que es el propositivo. Alvargonzález, nuevamente con acierto, denominó –muchos años más tarde- a tal dimensión demiúrgica como antrópica. El sujeto operatorio modelizado en sus operaciones cognitivas no puede ser neutralizado (no hay cierre categorial estricto) pero en él si pueden hallarse cierres operatorios, que además pueden resultar formalizados (tipográfica o computacionalmente) en algoritmos, modelos o estructuras que remiten a una exterioridad intersubjetiva y transobjetiva (el Espiritu Objetivo o la Cultura). Las ciencias cognitivas no son, en modo alguno, ciencias de M1, porque no hay ciencias (sólo) del primer género de materialidad. Las querencias conductistas de muchos, incluidos dos profesores conocedores de la obra de Bueno presentes en mi tribunal de tesis (Marino Pérez y Juan B. Fuentes), quizá impidieron en su día la visión del asunto clave que yo quería destacar: la Psicología Cognitiva, y otras disciplinas conexas (Inteligencia Artificial, p.e.) no puede ni debe ser reducida a M1 (movimientos del cuerpo, conducta subvocal, circuitos de neuronas), ni tampoco es factible un complemento “fenomenólogico” u orteguiano de la mera conducta del sujeto, como pretendían, contradictoriamente con el enfoque de Bueno, estos profesores. Tampoco la Psicología Cognitiva es una (exclusiva) ciencia del M2, pues esta dimensión es inseparable de las demás y tampoco la disciplina analizada era mera “interioridad”, subjetividad, etc. Hay dimensión terciogenérica en los algoritmos, los esquemas cognitivos, etc. , además.
Pseudoconclusiones.
Son falsas conclusiones las que aporto aquí, porque los problemas no están conclusos solo sugeridos. Entiéndase este cierre del trabajo como meramente convencional, externo. El texto debe continuar. Solamente rescato unas ideas clave de lo que arriba he dicho.
- Marx y Bueno han hecho mal llamando “materialismo” a sus intentos de sistema filosófico.
- Marx y Bueno pusieron las bases de una Filosofía de la Praxis, no una “concepción del mundo”.
- La Filosofía de la Praxis presenta dos partes: una Ontología y una Epistemología.
- La Teoría del Cierre Categorial no es esa Epistemología General.
- Toda Filosofía de la Praxis se enmarca dentro de una Filosofía del Ser. La idea del Ser es más amplia y radical que la idea de Materia.
- Las categorías del hacer forman parte de una Ontología (Teoría del Ser), pero, al igual que las categorías del ser (anantrópicas), no la agotan.
Ciudad Real, 30 de mayo de 2026. – Por Carlos X. Blanco
- «Es más, no resulta nada extraño afirmar que entre la ideología desde la que Carlos Javier Blanco y David M. Rivas ejercitan su pensamiento, por un lado, y las aplicaciones prácticas que el agente Fernando González Rodríguez llevaba realizando en los últimos años, por medio de disturbios, sabotajes electorales y colocación de artefactos explosivos, hay una perfecta relación causa-efecto.» Omito publicar el nombre de este desafortunado autor, cuya mala fortuna cabe denominar desgracia,. Desgracia en muchos sentidos de la palabra. No voy contribuir a que cunda el ejemplo y aumente el número de difamadores profesionales y terroristas de la palabra. Vide: https://www.nodulo.org/ec/2005/n044p15.htm. El sujeto, supongo que un becario de la Fundación GB, dedicó largas páginas a atribuirme falsamente la identidad de un forero de internet que se hacía llamar “Balmaseda”. En vano, y con toda la amabilidad de que fui capaz, pedí que la revista electrónica “El Catoblepas” retirara ese artículo difamador por medio de una carta abierta: el artículo absurdo y difamador era https://www.nodulo.org/ec/2007/n059p15.htm. Imagino que este pobre becario recibía instrucciones “superiores”.
Mi relación con mi querida facultad de Filosofía de la Universidad de Oviedo ya había concluido años antes, no solo desde el punto de vista contractual. Mis pertenencias habían sido depositadas, sin previo aviso telefónico, en el suelo del pasillo, para así vaciar el despacho para otro profesor nuevo. El señor conserje, amable y caritativamente, las recogió y guardó en su cuarto de la Facultad. ↩ - La idea está tomada del profesor Alvargonzález. ↩
- Como ya mostré en mi libro Ensayos Antimaterialista (2021), el profesor Manuel Fernández Lorenzo, que tanto me ha inspirado a lo largo de los años, ha constatado el linaje idealista tanto de Marx como de Bueno. Muchos historiadores de la Filosofía encuentran raíces hegelianas al materialismo de Marx, pero no tantos señalan a Fichte como una fuente clave para la filosofía de la praxis. La Epistemología General que le falta al materialismo filosófico debe estudiar a Fichte y no quedarse, simplemente, con su “mentalismo”. ↩
- La filosofía de Gustavo Bueno. Comentarios Críticos, pps. 13-14. Ediuno, Oviedo, 2024. ↩
- Recomiendo vivamente la lectura del libro de Costanzo Preve Los Siglos Difíciles. Introducción al pensamiento filosóficos de los siglos XIX y XX, El Viejo Topo, Barcelona, 2026, que hemos traducido del italiano el profesor Héctor Vizcaíno y yo mismo, ↩
- Mi Tesis fue dirigida por el profesor Julián Velarde. Entre los miembros del tribunal figuraron el profesor Bueno Martínez como Presidente, además de los profesores Fuentes Ortega y Marino Pérez, entre otros. Solamente cito a los que creo – y esto es suposición mía- que eran más conocedores de la teoría del Cierre Categorial y del marco general del Materialismo Filosófico. Los problemas por mí señalados en estaTesis no parecen haber tenido eco alguno en quienes me escucharon y leyeron, y simplemente “los dejaron estar”. En ningún momento, en aquellos, se consideró la necesidad (aunque sí la posibilidad) de crear una asignatura de “Filosofía de la Psicología”, o algo parecido. Creo que fue un craso error, y no lo digo por motivos de medro académico mío. Fue una laguna, una laguna ovetense donde muchos otros chapotearon después. ↩
- La epistemología de primer grado, científica, es legítima. Pero entonces es Psicología (Piaget, cognitivismo, etc.) o etología (Vollmer, Wuketis, etc.). Vide mi trabajo: https://www.researchgate.net/publication/349098152_INTRODUCCION_A_LA_EPISTEMOLOGIA_EVOLUTIVA ↩
- https://www.filosofia.org/cla/ome/eea_38b.htm ↩
- Op. Cit. p 14. ↩




