Hasta el último palestino

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No hay pueblo alguno que, por haber sufrido persecuciones en el pasado, pueda quedar exento de juicio por su presente. Es más, un presente que ya se ha convertido en historia: la historia de las persecuciones que se perpetraron contra otros pueblos y de los genocidios que negaron, así como, para algunos, su propio genocidio, que, sin embargo, debido a circunstancias históricas particulares, adquirió características de desmesurado en comparación con otros sucesos igualmente sangrientos de la historia de la humanidad.

Pero las narrativas ideológicas no alteran nuestro juicio objetivo, porque la humanidad ha experimentado tantas tragedias que es imposible definir cuál es la tragedia de las tragedias, incluso con respecto a un futuro que ya presagia más baños de sangre, que sufrirá las mismas negaciones y exageraciones, porque la historia es siempre un relato humano desde muchos puntos de vista contrastantes y por muchas razones decisivas.

Pero hay que juzgar a los israelíes por lo que son hoy, y no son buenas personas, al igual que no lo eran los «buenos italianos». Nosotros también cargamos con responsabilidades que ni siquiera podemos atribuir únicamente al fascismo. Eso sería demasiado fácil y simplista, porque nosotros también tenemos muchas pequeñas cosas en nuestra conciencia que intentamos mitigar con ciertas historias «foibescas», que no son inventadas, sino que se refieren a acontecimientos que no nos cayeron del cielo.

Y cada pueblo se ve impulsado, en mayor o menor medida, a hacer esto: justificar sus propios horrores y clamar venganza por los ajenos. A lo sumo, admiten sus errores, nunca sus horrores, y solo cuando les conviene. Al fin y al cabo, los pueblos, al igual que los individuos, consideran inaceptables en los demás únicamente sus propios defectos, aquellos que no quieren admitir.

Pero los negacionistas de hoy no son los que minimizan las masacres lejanas, sino los que niegan las cercanas, las de sangre viva y aún sin curar. Son los sinvergüenzas que las justifican porque se ven obligados a participar en un sistema de amistades y enemistades, hasta el punto de escandalizarse por un misil ruso desviado por fuego antiaéreo que mata a cinco personas, mientras hacen la vista gorda ante las 70.000 muertes de palestinos en pocas semanas. Un número récord de muertes que son capaces de minimizar con la misma facilidad con la que se desatan.

Todas estas son personas sobre las que recaerá el juicio de la historia cuando también ellas hayan partido para ser bendecidas o malditas, pero esto es un pequeño consuelo, de hecho, no nos ofrece ningún consuelo en absoluto.

Por no hablar de los estadounidenses, cuya supremacía histórica solo pudo perdurar cometiendo genocidios que, obviamente, estaban más que justificados o sepultados bajo la propaganda, a pesar de haber sido responsables de varios Holocaustos.

Pero el mundo está hecho de almas bellas y corazones oscuros, y la historia avanza con estos engaños, pisoteando los huesos de los vencidos y a veces incluso desenterrando los de todos los demás. Y una vez más debo citar, y lo haré hasta la saciedad, esta frase de Cioran: «La hora del crimen no llega al mismo tiempo para todos los pueblos.

Esto explica la permanencia de la historia. A través de crímenes cada vez nuevos. Digamos entonces que los israelíes lo están compensando con creces.


Por Gianni Petrosillo (Conflitti&Strategie)

https://www.conflittiestrategie.it/fino-allultimo-palestinese

Traducción: Carlos X. Blanco

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