Thiel, Palantir y el Decreto 941: Milei no trajo el virus, solo abrió las venas y dijo “pasen, muchachos” – Por Marcelo Ramírez

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Peter Thiel no vino a Buenos Aires a hacerse el simpático ni a dar conferencias sobre el futuro de la humanidad. Vino a oler negocio y a cerrar agenda. Se reunió con Milei, con Santiago Caputo, con Federico Sturzenegger, y ya había tenido contactos previos. El País lo contó con claridad: agenda reservada, Casa Rosada de por medio. No es casualidad. Palantir no es una empresa más de  software. Es la máquina que integra, cruza y convierte en decisiones en tiempo real todas las bases de datos que un Estado tiene. Desde fábricas hasta frentes de batalla, como ellos mismos se jactan en su propaganda. Y el negocio no es venderte un programita. El negocio es volverse el sistema operativo del poder: defensa, inteligencia, seguridad, migraciones, salud, lo que se te ocurra. Donde hay datos sensibles, ahí está Palantir cobrando.

Mirá los contratos para que no te quede duda. En 2025 el Ejército de Estados Unidos le firmó un acuerdo marco de hasta 10.000 millones de dólares en diez años para productos de datos, inteligencia artificial y software operacional. Con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) armaron ImmigrationOS por 30 millones de dólares: seguimiento migratorio, autodeportaciones, vencimientos de visa, todo automático. En Reino Unido le dieron 330 millones de libras al Servicio Nacional de Salud para una plataforma federada de datos sanitarios, y se armó el escándalo lógico por privacidad y dependencia. En Israel, en enero de 2024, firmaron asociación estratégica con el Ministerio de Defensa para el esfuerzo de guerra. En Alemania, Baviera, Hesse y Renania del Norte-Westfalia ya usan Gotham a full, y Baden-Württemberg lo aprobó para la policía desde 2026. Esto no es fantasía. Es el currículum público de la empresa. Palantir es el socio estructural del Estado profundo yanqui e israelí. Punto.

Y acá en Argentina el problema no es que Thiel haya venido. El problema es que el Decreto 941/2025 le armó la autopista de cuatro carriles. Ese decreto crea la Comunidad de Inteligencia Nacional y la Comunidad Informativa Nacional, las dos bajo la dirección directa de la Secretaría de Inteligencia de Estado, la SIDE. Integra organismos de inteligencia, áreas de inteligencia de fuerzas federales y Fuerzas Armadas, y todo organismo del sector público que tenga “competencias afines”. Ahí meten al Ministerio de Seguridad, al RENAPER, a Migraciones, al Centro Nacional de Ciberseguridad, a CONAE, a la Autoridad Regulatoria Nuclear, a la Comisión Nacional de Energía Atómica, al RENAR, a Aduana y a todos los que el Poder Ejecutivo quiera sumar por decreto o por convenio con provincias y Ciudad de Buenos Aires. La SIDE queda habilitada para requerir información a cualquier órgano del Sector Público Nacional, para exigir cooperación provincial y para celebrar convenios con personas físicas o jurídicas, públicas o privadas. No dice “Palantir” en ninguna parte. No hace falta. Crea el molde exacto donde una empresa como esa encaja perfecto: centralización de datos sensibles y habilitación legal para que un privado extranjero opere en el corazón del Estado. 

Software

Garbarz salió con el verso de que ellos habían desarrollado un software que bloqueaba Pegasus pero que Palantir hizo “un upgrade que no podemos detectar”. Suena a película de espionaje de bajo presupuesto. Pegasus es spyware que te infecta el teléfono, te prende el micrófono, la cámara, te roba mensajes, contactos, ubicación. Es intrusión directa sobre el dispositivo del ciudadano común. Palantir no necesita infectarte nada. No precisa virus. Su lógica es otra: tomar las bases de datos que el Estado ya tiene —RENAPER, Migraciones, Aduana, registros de armas, datos judiciales, sanitarios, financieros, territoriales, comunicaciones administrativas, movilidad— y las cruza, modela y las convierte en un sistema de decisión en tiempo real. No hay “upgrade indetectable” en tu celular porque la amenaza no está en tu celular. Está en los servidores oficiales. El anti-Pegasus de Garbarz no sirve contra una plataforma que opera desde adentro del Estado. Garbarz toma una preocupación real y la vende como guión de Hollywood. Y como es operador  político ligado a CFK, su denuncia ya viene con el descuento de credibilidad puesto. Lástima, porque el fondo es serio. Pero cuando el mensajero es parte del quilombo anterior, la gente desconfía. Y con razón.

Palantir no “controla automáticamente a la ciudadanía”. Eso es exageración. Da capacidad de integración, análisis, perfilado, búsqueda, visualización y toma de decisiones. El control político depende de quién apriete los botones, con qué intenciones y bajo qué controles. Pero cuando una empresa extranjera, atada hasta las últimas consecuencias al complejo militar-inteligencia de Estados Unidos e Israel, se mete en la infraestructura informativa del Estado argentino, los riesgos son concretos y brutales. Primero, pérdida de soberanía informativa: podés seguir siendo titular formal de los datos, pero perdés el control operativo, técnico y doctrinal sobre cómo se procesan. Segundo, dependencia tecnológica: una vez que armás todo tu Estado sobre esa plataforma, salir es caro, traumático y políticamente suicida. Se llama vendor lock-in y es la trampa clásica. Tercero, opacidad algorítmica: si el sistema te recomienda alertas, perfiles, vínculos o prioridades, y vos no tenés auditoría local, ni código verificable, ni control real, terminás obedeciendo a una caja negra extranjera. Cuarto, uso político interno: cruzar datos estatales con segmentación electoral, inteligencia social, campañas psicológicas o persecución selectiva es una tentación demasiado grande. El límite entre defensa del Estado y vigilancia  política se vuelve humo. 

Política

Y Thiel no es un empresario neutral. Es un ideólogo. El tipo tiene una visión elitista, tecnocrática, antiigualitaria y abiertamente crítica de la democracia liberal. Cree que el poder tecnológico y financiero debe pesar más que la representación política clásica. Desprecia el consenso, ama las élites disruptivas y ve al Estado democrático como un estorbo. La afinidad con Milei es obvia: los dos odian el orden liberal-progresista, los dos desconfían del ciudadano que cree que votó y ya está, los dos se presentan como enemigos del sistema. Pero la paradoja es para reírse. Thiel se vende como libertario máximo mientras Palantir crece mamando teta de los contratos del Estado profundo norteamericano: defensa, inteligencia, migración, seguridad. Libertarismo para los demás, estatismo estratégico para él y sus amigos. Milei y él se miran al espejo y se reconocen.

Pero el verdadero chiste negro no es solo Milei. Es toda la clase política argentina —kirchnerista, macrista, massista, wadista— abriendo la puerta a la misma arquitectura de inteligencia basada en datos cruzados, operada o asistida por proveedores del eje Washington-Tel Aviv-Londres. Después salen a llorar soberanía en los medios. La nota de LPO quiso pintar a Milei como el que entrega las bases de datos para gobernar por vigilancia. Y tiene razón en el riesgo, aunque las explicaciones a veces suenen forzadas. El riesgo existe por razones más sólidas: el Decreto 941 habilita exactamente eso. Y la oposición que hoy grita “fascismo” votó o calló cuando tocaba frenar.

Milei gobierna como si fuera fuerte cuando en realidad es débil estructuralmente. Sacó 29,99% en primera vuelta, unos 8 millones de votos, que sobre el padrón total es más o menos 22%. Ganó el balotaje con 55,65%, legitimidad electoral tiene, nadie lo niega. Pero usa esa legitimidad como si fuera un cheque en blanco constituyente permanente. Gobierna por excepción permanente: la crisis lo habilita, la urgencia lo habilita, el Congreso estorba, la oposición es casta, la Justicia no interviene, la calle está agotada. El DNU dejó de ser recurso excepcional y se convirtió en método ordinario de gobierno. La Ley 26.122, que toda la clase política apoyó en su momento, permite que un decreto siga vigente mientras no sea rechazado por ambas cámaras. Basta con que la oposición no se coordine, que los gobernadores negocien caja, que la Justicia haga tiempo. El DNU 941/2025 reorganiza inteligencia, habilita aprehensiones “en el marco de actividades de inteligencia” y crea la gran base de datos. El DNU 264/2026 autoriza ingreso de tropas extranjeras y ejercicios militares combinados por decreto. Materias que históricamente debían pasar por el Congreso. Todo por urgencia.

No es popularidad. Es poder por vacío. TN ya informó que en abril de 2026 el gobierno estaba en su peor momento de aprobación, con caída acelerada desde enero. Milei puede seguir cayendo en las encuestas y seguir mandando. Porque la gente está enojada, sí, pero quebrada, sobreviviendo al mes, contando plata, refinanciando deuda, postergando tratamientos, bajando consumo. La bronca queda privada. No se transforma en conducción, en bloque parlamentario, en acción judicial organizada, en calle con narrativa. La oposición es un archipiélago de intereses: gobernadores, intendentes, bloques licuados, peronismo partido, radicalismo diluido, PRO en retirada. Cada uno calcula su costo y negocia. La Justicia tarda, deriva, evita cautelares fuertes. La sociedad anestesiada por la degradación material no reacciona ante abstracciones como soberanía o arquitectura de datos.

La bandera israelí en el Monumento a la Bandera no es un detalle jurídico. Es simbólica y pesada. Ese monumento no es un salón para fotos. Es el santuario civil de la simbología nacional. Izar ahí una bandera extranjera en un acto comunitario se lee como subordinación, aunque lo vendan como gesto cultural. Con Estados Unidos pasa lo mismo pero más concreto: tropas por DNU, interoperabilidad, integración doctrinal, estándares comunes, posible participación en operaciones multinacionales. No son ejercicios puntuales. Es reordenar la doctrina militar argentina bajo parámetros de una potencia extranjera en un mundo en tensión. Argentina deja de negociar su lugar y pasa a ser pieza de un eje: Estados Unidos-Israel, con litio, energía, Atlántico Sur y contención regional de por medio.

El modelo que se viene no es una dictadura clásica con tanques en la calle. Es más moderno y más sofisticado: una democracia delegativa securitaria con rasgos de protectorado geopolítico y gestión tecnocrática de datos. Presidente que se presenta como intérprete único del mandato popular. Congreso tratado como estorbo. Crítica como sabotaje. Balotaje convertido en autorización total. Gobierno por excepción: todo es urgente, todo justifica DNU, todo evita debate. Estado mínimo para educación, salud, obra pública, ciencia y asistencia social. Estado máximo para seguridad, inteligencia, vigilancia, datos, represión administrativa y cooperación militar. No es menos Estado. Es otro Estado: de perfilado, no de persecución masiva. Alcanza con identificar, clasificar, anticipar, condicionar y neutralizar a los que molestan.

Milei no creó este poder. Lo expresa y lo administra con una sinceridad brutal que los anteriores no tenían. Donde otros gobiernos negociaban subordinación con lenguaje diplomático y cara de póker, él la convierte en épica libertaria. Donde otros ampliaban inteligencia con discreción, él lo hace por decreto y en la cara. Donde otros buscaban apoyo de Washington sin exhibicionismo, él lo hace su identidad  política y se autoproclama el presidente más sionista del mundo. La Argentina ya venía con instituciones débiles, Congreso desprestigiado, Justicia lenta, partidos vaciados, Fuerzas Armadas sin proyecto, empresariado rentista, medios dependientes y ciudadanía agotada. Milei apareció como catalizador de una demolición que se venía cocinando hace décadas. Su novedad es que no disimula. La ofrece como virtud. 

Política

El riesgo no es que Milei tenga poder absoluto. No lo tiene. No controla el Congreso, no tiene gobernadores propios suficientes, no tiene partido histórico, su imagen cae. El riesgo es peor: que pueda tomar decisiones irreversibles antes de que el sistema reaccione. Un contrato tecnológico estratégico condiciona al Estado por décadas. Una doctrina militar reorienta generaciones de oficiales. Una alianza exterior puede arrastrar al país a conflictos ajenos. Una base de datos integrada queda como infraestructura de control. Una reforma por DNU se consolida por inacción parlamentaria.

Eso es lo que se viene: un país formalmente democrático pero materialmente subordinado. Con elecciones, pero con decisiones estratégicas tomadas por decreto. Con Congreso, pero neutralizado. Con Justicia, pero tardía. Con oposición, pero fragmentada. Con ciudadanía, pero anestesiada. Con Estado reducido para proteger al ciudadano común y fortalecido para vigilarlo. Milei no es la causa. Es el síntoma más descarnado y sincero de una decadencia que viene de lejos. Y la clase política, en pleno, sigue abriendo la puerta. Porque al final, todos están más cómodos con un Estado que vigila que con un pueblo que piensa.

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Marcelo Ramírez
Analista geopolítico | AsiaTV – Humo y Espejos

Analista geopolítico, escritor y conferencista argentino especializado en análisis geopolítico y militar, conflictos contemporáneos y dinámica del mundo multipolar. Fundador y director de AsiaTV y creador de la plataforma de análisis estratégico Humo y Espejos. Autor del libro La OTAN contra Rusia. Propaganda y guerra híbrida (Editorial Letras Inquietas, 2022). Cofundador de la Alianza para el Desarrollo Auténtico y la Cooperación Ruso-Iberoamericana (ADACRI), iniciativa orientada a fortalecer el diálogo estratégico entre el mundo ruso y la comunidad iberófona.

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